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El abandono deportivo durante la infancia y la adolescencia responde a una combinación de factores psicológicos, sociales, pedagógicos y organizacionales que exceden el rendimiento deportivo. La motivación, la autoestima, el manejo del estrés, la calidad de las experiencias deportivas y el respeto por las necesidades evolutivas de niños y jóvenes constituyen elementos fundamentales para favorecer la permanencia y el desarrollo integral a través del deporte.
Durante muchos años, las ciencias del deporte han dedicado gran parte de sus esfuerzos a producir materiales de trabajo al servicio del adulto que realiza deporte de alto rendimiento. Si bien esto es importante y necesario, los otros ámbitos deportivos, a saber, el recreativo y el formativo, tanto como sus usuarios-niños, jóvenes, personas con necesidades especiales, por mencionar sólo algunos- han pasado a un segundo plano, quedando a merced de la exclusión de la actividad física en sus distintas formas. En el presente artículo se trabajará una de las problemáticas que más afecta al deporte infanto-juvenil.
Un gran número de niños y jóvenes se inician en la actividad física y el deporte; sin embargo, muchos de ellos desisten rápidamente, siendo cada vez menor el tiempo de permanencia, tendencia que se observa a nivel mundial (Cruz Feliú, 1987). Así, la mayor problemática que enfrenta el deporte infanto-juvenil puede sintetizarse en una sola palabra: abandono.
Dado que la práctica de un deporte requiere de tiempo disponible, de instalaciones adecuadas para tal fin y de ciertos costos económicos a ser afrontados, la práctica deportiva por parte de niños y jóvenes es típica de sociedades industrializadas (Coakley, 1993) y es allí donde han tenido lugar los trabajos de investigación que se comentan a continuación.
Básicamente se han identificado dos tipos de abandono deportivo:
A) Abandono por conflicto de intereses.
Este tipo de abandono puede dar como resultado que niños o adolescentes se retiren de un deporte para ir a otro que les interesa más (Gould et al, 1982; Klint & Weiss, 1986)[1], o bien para realizar otra actividad no deportiva (McPherson et al., 1986; Orlick, 1974)[2].
B) Abandono por decisión.
Se da también el caso de los deportistas que abandonan por propia decisión, la cual se ve además abonada por los factores situacionales (Klint & Weiss, 1986)[3]. Dentro de esta modalidad se reconocen tres tipos de abandono: el “abandono renuente” que es el caso de los deportistas que dejan la actividad a causa de una lesión o de los altos costos prohibitivos del deporte de elite; el “abandono voluntario” típico de los jóvenes que no están disconformes con su actividad deportiva, pero que están deseosos de probar en otras disciplinas; y el “abandono resistente” propio de quienes están disconformes con su situación deportiva, pero les cuesta tomar la decisión final de abandonar.
Las causas que circulan en torno al alto grado de abandono se presentan tanto como interrogantes a responder, como por problemas a resolver. Pueden clasificarse de la siguiente manera:
A) Causas intrínsecas al deporte, que se han identificado a nivel internacional:
B) Causas extrínsecas al deporte, que se han identificado en el marco de nuestro país:
Si el deporte influye sobre la personalidad o si esta relación se da a la inversa, es un debate que aún no se ha cerrado y que continúa siendo objeto de discusión en el ámbito de la Psicología del Deporte. En este contexto, Martens (1993) se pregunta si el deporte beneficia la formación y el desarrollo del joven, a lo cual el autor responde que todo depende del modo en el cual la situación se plantee.
Entre las variables psicodeportológicas que más relación tienen, tanto con la adherencia como con el abandono deportivo, encontramos las siguientes:
A) Ansiedad
La ansiedad es el nivel de activación psicofisiológico de un organismo ante una situación determinada. Es el resultado de un proceso que consiste básicamente en percibir un estímulo, evaluar los recursos con los que contamos, analizar las posibilidades de afrontamiento de la situación y realizar una conducta que responda a todo este proceso, que puede ser adecuada o inadecuada, en relación al contexto. En tanto es un proceso individual, es subjetivo. La respuesta a la activación es el estrés.
Dado que la activación es un proceso subjetivo, una misma instancia de competencia puede ser desafiante para un sujeto y/o paralizante para otro. En cuanto a una persona comienza a percibir una sucesión de exigencias que lo sobrepasan, aparece el fantasma del “burnout”.
En contraste con lo que puede ser un proceso “normal” de selección deportiva, el burnout es una forma especial de abandono deportivo como respuesta al estrés que el joven experimenta, producto de sentir que una actividad que antes le resultaba entretenida e interesante ahora le demanda más de lo que él puede dar.
Un nivel adecuado de ansiedad le permite al joven participar con empeño, dedicación y compromiso en la actividad que está realizando. Esto es, una cuota de ansiedad siempre es necesaria.
B) Motivación
Es el interés relacionado con una actividad determinada (Weiss, 1993). Este interés puede observarse a través de los objetivos que una persona tiene con respecto a diferentes cuestiones. Cuando se les ha preguntado a los niños por qué comenzaban a practicar un deporte, la respuesta ha sido que habían sido estimulados por los adultos cercanos y porque les gustaba recibir un refuerzo positivo vinculado al reconocimiento de sus logros en este campo. Cuando se les ha preguntado, en cambio, por qué continuaban haciendo un deporte las respuestas eran que les gustaba competir, tener y hacer amigos, pertenecer a un grupo, mejorar psicomotrizmente y divertirse[8]. En cambio, entre los motivos menos importantes para seguir participando han aparecido los siguientes: ganar, obtener premios y agradar a los otros.
Parece haber una tendencia, probablemente vinculada al desarrollo cognitivo y emocional de la población a la que nos estamos refiriendo, que indica que de 8 a 11 años las razones por las cuales practican deporte son más de tipo sociales y externas; mientras que de 15 a 19 años son más internas y psicofisiológicas.
La falta de motivación lleva al abandono por desinterés, que tiene que ver con la falta de objetivos planteados en término de desafíos.
C) Autoestima
La autoestima está relacionada con el reconocimiento personal. Es el resultado de las interacciones sociales, que aparentemente entre los 8 y 9 años tiene que ver con el refuerzo recibido (reconocimiento a través de gestos y palabras) y de 10 a 14 con la comparación que cada sujeto hace de sí en relación con los demás y con las metas planteadas.
Esta variable está muy relacionada con la autopercepción, especialmente con el nivel de competencia y el éxito percibido. Si el niño y el joven tienen una buena autopercepción y una visión realista, en general, su autoestima será buena; en cambio, si su propia imagen es mala y además está distorsionada, su autoestima probablemente esté socavada, pudiendo aflorar un sentimiento de inferioridad.
La exposición de niños y jóvenes al alto rendimiento deportivo, es de por sí estresante, lo cual se agrava más aún si no cuentan con un espacio de contención que funcione como reaseguro socioafectivo. Según Grupe (1985)[9] estos niños pasan por todas o al menos algunas de las siguientes situaciones:
Las tendencias actuales en materia de actividad física, deporte y ejercicio, en un intento de revisar la situación del abandono deportivo, indican que es importante tener en cuenta que:
Hemos hablado varias veces de los derechos de los jóvenes deportistas. Algunos de los que se han formulado son los siguientes[10]:
Siempre teniendo en cuenta las edades, se puede decir que los objetivos generales del trabajo deportivo, desde la perspectiva de los jóvenes deportistas, son los siguientes:
A los efectos de que las intervenciones pedagógicas sean más eficaces y adecuadas se presentan las siguientes sugerencias en relación a las actividades a ser planteadas. Las mismas son intencionalmente generales y necesitan ser revisadas dentro del marco de cada situación específica. Nos referimos a:
La cantidad de niños y jóvenes que practican actividad física y deporte ha ido en aumento por varias razones, por ejemplo, la presencia de Educación Física como asignatura en las escuelas; la oferta de varias opciones deportivas de carácter formativo y recreativo y el hecho de que el deporte de elite, cada vez más especializado, convoca a deportistas cada vez más jóvenes. Por otro lado, también hemos visto cómo aumenta paralelamente la cantidad de abandonos tempranos de la actividad.
Al respecto, Martens (1993) afirma que el deporte infanto-juvenil es un arma de doble filo y que usado de distintas maneras puede causar diferentes consecuencias.
No hay indicios claros que indiquen cuánto influye la práctica deportiva en el desarrollo de la moral, del carácter y de la personalidad; sin embargo, lo que no se discute es que la práctica intensiva del deporte deja huellas en el joven difícilmente erosionables. Más aún, las mismas condicionan los patrones adultos de adherencia y participación deportiva (Seefeld, 1986)[11].
En cuanto a los padres se refiere, es importante que estimulen al máximo el desarrollo potencial de sus hijos, pero éste no debe lograrse a costo de un pago demasiado alto por parte de los jóvenes. Las aspiraciones de los padres y de los hijos tienen que darse dentro de un marco responsable y con ciertas limitaciones.
Por otro lado, cada una de las etapas descriptas presentan distintos rasgos generales que las caracterizan. La importancia de que quienes están a cargo de los grupos deportivos las conozcan radica en que se puedan detectar las individualidades dentro del grupo, para comprender el accionar de niños y jóvenes, a la vez que se podrán elegir situaciones estratégicas acordes a las necesidades e intereses del grupo. En relación con esto, como ha podido verse, los cursos de formación y perfeccionamiento han demostrado ser muy eficaces.
Otro punto a destacar es el rol de los profesores de educación física en el contexto escolar. Dado que muchos niños y jóvenes sólo cuentan con éste estímulo que los vincule con la actividad, es importante que trabajen para dejar patrones básicos de adherencia a la actividad física, el deporte y el ejercicio.
Finalmente, luego de haber presentado esta breve reseña sobre el abandono deportivo en niños y jóvenes, aparecen dos cuestiones comunes a todas las posturas de interpretación:
La presencia de un encuadre que defienda los derechos del niño deportista es reciente. Para que su implementación y su ejercicio se vean realmente plasmados, es necesario una redefinición política que va desde la familia, pasando por las instituciones deportivas, hasta llegar a las organizaciones gubernamentales nacionales, internacionales y federaciones deportivas.
Referencias bibliográficas a disposición de los lectores.
* Licenciada en Psicopedagogía (U.N.L.Z., 1992)
Máster en Psicología del Deporte (U. de Educación a Distancia, Madrid 2002.
Docente en la especialidad en Institutos de Educación Física.
Atención psicodeportológica en el Club A. Lanús en básquetbol femenino
y la selección masculina juvenil de vóleibol.
[1] en Weiss, 1993
[2] en Weiss, 1993
[3] en Weiss, 1993
[4] N. de A.: Lo cual puede aparecer como una consecuencia del punto anterior, como ya se mencionó.
[5] N. de A.: Al respecto, Gould señala que sólo aquellos entrenadores que tienen una buena relación empática con sus deportistas han demostrado ser hábiles en la identificación de situaciones que pueden perjudicarlos.
[6] N. de A.: Sea por falta de investigaciones, por falta de especificidad en los trabajos que se realizan, por falta de unicidad conceptual (Cruz Feliú, 1987; Cahill, 1993).
[7] N. de A.: Esto mismo pudo observarse en nuestro país en los debates públicos y abiertos que tuvieron lugar en el marco del Congreso Pedagógico llevados a cabo durante el primer gobierno democrático posterior a la dictadura militar (1983-1989).
[8] N. de A.: Aparece en todos los estudios como uno de los motivos más importantes en edades tempranas.
[9] en Donnelly, 1993
[10] The National Association for Sport and Physical Education’s Youth Sport Task Force.
[11] en Weiss, 1993