
¿A qué edad conviene empezar a especializar a un joven talento deportivo? Este artículo del investigador alemán Winfried Joch desmonta el mito de que existe una "edad de oro" (entre los 10 y los 12 años) para el aprendizaje motor, y demuestra con estudios científicos que la especialización precoz no garantiza mejores resultados en la adultez. Desde la psicología evolutiva, la biología y la ciencia del entrenamiento, propone poner al "desarrollo" —no al rendimiento inmediato— en el centro de la promoción del talento, priorizando variabilidad, flexibilidad e individualización por sobre la presión de rendir joven.
La importancia del desarrollo físico y psíquico para promover el talento, desde el punto de vista de la psicología evolutiva y de la fisiología del desarrollo, de la teoría del aprendizaje y de la ciencia del entrenamiento.
Es inimaginable la importancia que tiene el desarrollo físico y también psíquico en el marco de la promoción del talento. Existen numerosas pruebas de esta afirmación, relacionadas con aspectos vinculados con la psicología evolutiva, la biología, la teoría del aprendizaje y la ciencia del entrenamiento. Aquí se tratan estos aspectos, demostrándose la importancia de promover el talento, lo cual se basa en estas exigencias: mayor variabilidad, mayor ductilidad y mayor consideración de las características individuales.
1. Observaciones preliminares
En la actualidad, igual que en el pasado, el problema de entrenar a principiantes y promover el talento sigue siendo un importante tema de debates –quizá muy controvertidos– que interesan tanto a la opinión pública como al mundo científico. Los problemas relacionados con el talento representan, sobre todo, uno de los temas constantes del deporte tanto en nuestro país como en otros países.
Sin embargo, este interés no es unitario: de hecho, se presenta, por un lado, analizando los artículos publicados en la revista Leistunssport; casi más del diez por ciento atañe al deporte juvenil y el treinta por ciento de aquéllos está dedicado al tema del talento1;y por el otro, en los proyectos de estudio, propios del Instituto Federal de Ciencia del Deporte, el que trata sobre el talento ocupa el noveno lugar, después del “deporte para adultos y tercera edad” y mucho después de “deporte para la salud”.2
Casi prescindiendo de esto, las Federaciones deportivas realizan programas de promoción de sus talentos, seguidos con mayor o menor atención por la opinión pública y por las instituciones científicas.3 Por ejemplo, después de los Campeonatos Mundiales de Fútbol, la Federación alemana concentró la atención de la opinión pública y debatió públicamente sus problemas relacionados con la formación de los jóvenes jugadores. Esta gran Federación deportiva, a pesar de que su punto de partida pueda parecer más brillante respecto de las otras4, identificó cuáles fueron sus carencias internas en este campo, las cuales poco se apartan de las de otras Federaciones:
–¡En el nivel internacional no figuramos más entre los mejores! y
–¡respecto de los otros, no tenemos talentos que estén a la altura de los estándares internacionales! y
–¡la promoción de talentos deportivos ocupa el primer lugar en la orden del día!
Por ello, el ex-entrenador de la Federación Alemana de Fútbol se alineó entre los que reclaman cambios en el sistema actual de promoción de talentos en el fútbol. He aquí un resumen de lo que ellos argumentan:
–En el centro de la promoción de talentos no deben estar aquellas promociones que se consideran la virtud de los futbolistas alemanes –el estado físico y la disciplina– sino la individualidad y la creatividad
–la actividad de juego en niños y adolescentes debe orientarse hacia la adquisición de los conceptos fundamentales del fútbol y hacia el aumento de la capacidad de juego y no deben dirigirla estrategias que sólo tengan como objetivo vencer; y
–no siempre las condiciones requeridas por las normas propias del deporte de alto nivel representan las ideas que debe inspirar el trabajo tendiente a formar a niños y adolescentes.
Este artículo se refiere a esta tesis, a partir del concepto fundamental de que el “desarrollo” –si queremos, por consenso general– ocupa el centro de la promoción del talento.
Desde hace tiempo está fuera de discusión que la edad prepuberal, en particular entre los 10 y los 12 años, brinda óptimos componentes para el aprendizaje. Pero este dogma de la edad de oro para el aprendizaje lo han rebatido recientes investigaciones que se basan por primera vez en experimentaciones empíricas.
2. El desarrollo como concepto guía
Está fuera de toda duda que el problema del talento se relaciona de alguna manera con el desarrollo: los talentos se encuentran en la edad infantil y juvenil y su desarrollo somático, psíquico, motriz e intelectual no termina. Por esta razón, en buena dirección y desde hace muchos años se exige que el entrenamiento juvenil –particularmente la promoción del talento– se programe en proporción al desarrollo. Por lo tanto, el desarrollo se convierte en el concepto central de la promoción del talento. Se trata de un enfoque que cuenta con el apoyo de múltiples conocimientos y experiencias:
En los sujetos en vía de crecimiento, el desarrollo de la personalidad sucede más rápidamente que en los adultos (Sack 1987; y Martín y otros, 1991). Por esta razón, las particularidades específicas del desarrollo asumen gran importancia en las fases de edad típicas del entrenamiento juvenil: con esta premisa, entrenamiento proporcional al desarrollo significa que las cargas deben ser adecuadas respecto del nivel biológico, motriz, psíquico e intelectual de los deportistas. 0bjetivos, contenidos, métodos y también la carga global del entrenamiento se adaptan al estado de desarrollo. Sin embargo, así todo, el problema de la “ontogénesis motriz” se convierte en el principal objeto de la ciencia del entrenamiento (Letzelter 1978).
Además, la exigencia de un entrenamiento que tenga en cuenta el desarrollo incluye también que se sopesen los contenidos del entrenamiento refiriéndolos a la edad (Frey 1981); si se quieren alcanzar óptimos efectos del entrenamiento, los ejercicios requeridos en las diversas etapas del entrenamiento deben ubicarse de manera tal que se tengan en cuenta los componentes necesarios y condicionados de la edad. Uno de los factores que hay que tener en cuenta es el representado por la edad biológica (Joch y Hasenberg 1999).
Desde el punto de vista metodológico, en el entrenamiento juvenil se exige multitaleralidad por cuanto, por un lado, considerado el estado actual de los conocimientos sobre los criterios (que faltan) en mérito al diagnóstico del talento, en edad infantil y juvenil, todavía no existen atinadas medidas de entrenamiento (Baur 1981), mientras que por el otro lado, solamente sobre una amplia base pueden crearse fundamentos estables del ejercicio (“enriquecimiento”) (Joch 1987).
Nada indica que entre los 10 y los 16 años existan etapas o fases del desarrollo en las cuales en general se aprenda especialmente bien o especialmente mal.
El desempeño obtenido en la edad juvenil es un indicador más confiable del hecho de que se alcancen altos rendimientos deportivos en la edad adulta (Letzelter 1982 y Rudolph 1999). Tanto la experiencia práctica (Apresen y Kröger 1987) como los estudios científicos (Wenland 1986) han destruido la ingenuidad de que los rendimientos obtenidos en la edad infantil y en la adolescencia, representen un criterio apropiado para prever los rendimientos del adulto. Si bien la estatura final de un sujeto puede calcularse fácilmente a partir de los valores promedio de la edad infantil, (lamentablemente) no se puede decir lo mismo de la capacidad final de rendimiento deportivo.
Estas posturas y estos argumentos se especificarán y sistematizarán a continuación, según el punto de vista de la psicología evolutiva y de la biología del desarrollo, de la teoría del aprendizaje y de la ciencia del entrenamiento,
3. Argumentos vinculados con la psicología evolutiva
Al desarrollo se lo puede definir como un proceso de transformación que no puede interpretarse como una extrapolación lineal de estados reales. Actualmente al desarrollo no se lo concibe más como la expresión por fases, regida por leyes y comportamientos (genéticamente preestablecidos) sino como: “un complejo entrelazamiento de relaciones de causa y efecto que, en principio, están abiertas” (Oerter 1973). Por ello, en lo que concierne a los dos componentes del desarrollo –la estabilidad y el cambio– el carácter de cambio resultó ocupar con más fuerza el primer plano.
La apertura
Si al problema del talento se lo concibe como un componente del proceso de desarrollo, como consecuencia de esto es también de aplicación la teoría del cambio: el desarrollo del talento es un proceso de transformación que, además de la motricidad, involucra todos los campos de la personalidad humana– intereses, inclinaciones, motivaciones y actitudes– que ante todo se entiende como un sistema abierto, de carácter predominantemente no determinista. En este sentido, es muy legítimo el escepticismo frente a la importancia de los rendimientos en la edad juvenil para predecir el logro de un alto nivel de desempeño (por el adulto: el cambio del rendimiento no sigue una dirección principal y se abre hacia todos los lados).
Los grados de libertad
Oerter afirmó que el desarrollo sería: “un proceso con un número casi infinito de grados de libertad” (Oerter 1973, 15). En lo que atañe al desarrollo del talento, sus numerosos grados de libertad provendrían, por un lado, de la interacción interdependiente de cualidades motrices, capacidades de coordinación y habilidades deportivas y por el otro, del vínculo existente entre estos componentes motrices y los otros aspectos de la personalidad, los cuales pueden ser definidos como dimensiones propias de las actitudes (percepción e inteligencia), dimensiones propias del estadofísico y dimensiones motivacionales (Guilford 1964), por lo cual el desarrollo deportivo se integra en el contexto global del desarrollo de la personalidad.
Multiplicidad y variación
La interacción interdependiente de estados físicos generales relativamente estables (por ejemplo, genéticos) y condiciones extraordinarias variables (por ejemplo, la influencia del ámbito social) –que al aumentar la edad generan múltiples variaciones de las cuales es imposible definir un cuadro que prevea todas las particularidades– legitima aquel concepto según el cual al proceso de desarrollo del talento se lo representa, predominantemente, como un proceso de escasa capacidad previsora. En lo que concierne a la variación individual, las características estables que perduran largo tiempo (Langenkamp 1998). En la promoción del talento es necesario considerar, en primer lugar, el carácter relativamente abierto de la evolución del individuo y sus múltiples orientaciones, posibilidades y ritmo de desarrollo.
4. Argumentos vinculados con la biología del desarrollo
Visto y considerado el importante papel que cumple el proceso de entrenamiento y la modificada capacidad de desempeño deportivo, al debatirse el talento no puede dejar de considerarse el punto de vista biológico. Aquí hallamos tres problemas en primer plano:
- El problema de la no-linealidad
- El problema de la capacidad de reacciones dúctiles
- El problema de cómo marcha la dinámica individual.
La no-linealidad
Los sistemas biológicos representan sistemas complejos que con el tiempo cambian. Este proceso de cambio es resultado de procesos internos y de acciones externas y consecuencia de la acción recíproca de un gran número de diversos factores –psíquicos, sociales, físicos y culturales– y de complicados procesos producidos por la interacción del organismo y del ambiente. Según los conocimientos biológicos acerca del desarrollo, esta clase de procesos de cambio no se desarrolla según el modelo de causalidad lineal, sino que se funda en el concepto de causalidad funcional o de estructura reticular.
En una relación de interacción interdependiente, esta causalidad funcional no excluye, fundamentalmente, la progresión lineal de las características individuales, como la capacidad de desempeño deportivo, pero la linealidad es solamente una variante entre las casi infinitamente posibles y, por lo tanto, no es utilizable para un programa eficaz y generalizable tendiente a promover el talento.
La capacidad de reacción dúctil
Los procesos biológicos de transformación pueden interpretarse como fenómenos de estímulo y reacción.
El componente que permite obtener efectos de entrenamiento es representado por la capacidad general de adaptación propia del organismo, por su capacidad de adaptación inmediata y por la ductilidad, al igual que por su capacidad de reacción ante los estímulos externos. Sin embargo, según los conocimientos teóricos sobre el desarrollo biológico, esta adaptación no sucede como si se siguiera un programa prefijado y estandarizado, sino de manera flexible. Lo que realmente resulta es que el potencial biológico se expresa en el hombre en una muy vasta gama de reacciones.
En la etapa evolutiva de la edad juvenil, esta gama de reacciones es particularmente flexible y dúctil. Esto quiere decir que los definidos estímulos del entrenamiento no producen, de manera generalizable, las mismas reacciones de adaptación. Los efectos del entrenamiento no son determinados por mero y simple estímulo sino por el estado de entrenamiento, por el contexto en el que se toman concretas medidas de entrenamiento, por la real posibilidad de desempeño y, asimismo, por las condiciones generales, motivacionales y emocionales. En pocas palabras: por lo general, idénticos estímulos tampoco provocan idénticas reacciones.
Curso de la dinámica individual
Sobre estas bases, la consecuencia lógica es la de reconocer que el desarrollo se desenvuelve según su propia dinámica. Este curso de su dinámica individual conduce, de hecho y por principio, a una imprevisibilidad de lo que sucederá durante el desarrollo. Las previsiones sobre cómo evolucionará la capacidad de rendimiento deportivo tienen alto grado de incertidumbre. Dicho con una fórmula más exacta: “Los procedimientos para prever los rendimientos (…) no son adecuados para una selección precoz del talento que implique un bajo cupo de sujetos seleccionados” (Wendland 1986, 133). Son más bien casuales las previsiones sobre la capacidad final de rendimiento.
5. Argumentos vinculados con la teoría del aprendizaje
Desde hace tiempo está fuera de discusión que la edad prepuberal, en particular entre los 10 y los 12 años, brinda óptimos componentes para el aprendizaje. Pero este dogma de la edad de oro para el aprendizaje lo han rebatido recientes investigaciones que se basan por primera vez en experimentaciones empíricas.
Resultados de experimentos efectuados sobre el aprendizaje
Entre 1990 y 1993 se realizaron tres experimentos con el aprendizaje, en los cuales, utilizando enfoques vinculados con la teoría del entrenamiento, se examinó –en un ciclo-ergómetro rodante (1990), en un ejercicio de destreza (1991) y con un servicio de precisión en bádminton (1993)– la capacidad de aprendizaje motriz (prescindiendo lo más posible de ejercicios de fuerza). Willimczik y otros (1999) completaron estos experimentos utilizando ejercicios-test ejecutados en un “skitrainer” y con un aparato de pedales, alcanzando de esta manera los resultados de sus experimentos: “…los resultados que hemos expuesto contradicen, sin excepción, la tesis de una mejor capacidad de aprendizaje antes de la pubertad: en cambio apoyan, más bien, los resultados de las investigaciones de Joch y colaboradores, según los cuales la eficacia del aprendizaje después de la pubertad (al menos) no disminuye sino que (más bien) aumenta” (Willimczik y otros, 1999, 55).
Los resultados de Joch coinciden en mostrar que: “el período etario durante el cual pueden realizarse especiales ejercicios de aprendizaje es notablemente mayor de lo que hasta ahora se suponía. No sólo la edad infantil y también no solamente determinada franja etaria durante la adolescencia garantizan óptimos resultados en el aprendizaje; en cambio se afirma que un buen aprendizaje motriz es individualmente posible en todos los períodos etarios. Por lo demás, nada indica que entre los 10 y los 16 años existan etapas o fases del desarrollo en las cuales en general se aprenda especialmente bien o especialmente mal. Los resultados buenos y malos del aprendizaje se distribuyen en todos los niveles etarios, pues los buenos resultados en los ejercicios de aprendizaje se presentan más frecuentemente en las edades más altas, en el período etario investigado en estos estudios. Es menos probable que los sujetos más jóvenes obtengan en las pruebas mejores resultados que los más “ancianos”. En particular, esto es de aplicación con los ejercicios motrices basados en la coordinación. (Joch y Hasenberg 1993, 5).
Si en el entrenamiento encauzado hacia la adquisición de la técnica, los aprendizajes se proponen en el último período de la edad infantil y al comienzo de la adolescencia, la eficacia es incluso mayor.
Consecuencias
Por lo tanto, en general no es absolutamente necesario emprender un entrenamiento –sobre todo tendiente a ser específico en un deporte– antes de la pubertad, pues los componentes de aquél empeoran con posterioridad. En muchos deportes, un entrenamiento encauzado hacia la adquisición de técnicas puede ser practicado durante la pubertad o con posterioridad a ella sin que su calidad disminuya. No hay motivo para suponer que los componentes del entrenamiento sean eficaces y obtengan un buen resultado solamente si ocurren antes de la pubertad. También en momentos etarios posteriores se puede contar con buenos ejercicios de entrenamiento. Y si en el entrenamiento encauzado hacia la adquisición de la técnica, los aprendizajes se proponen en el último período de la edad infantil y al comienzo de la adolescencia, la eficacia es incluso mayor.
Ocasiones de aprendizaje
Por otra parte, son necesarias las propuestas de aprendizaje precoces y se deben crear muy precozmente ocasiones para aprender movimientos por cuanto, como ya fue subrayado en no recientes estudios sobre la psicología del aprendizaje: “la adquisición de comportamientos idóneos” debe considerarse “como que depende del nivel de organización jerárquica ya alcanzado e integrado”. En otras palabras, “desde el punto de vista teórico, no pueden considerarse nuevas formas de comportamiento como si se las agregara enteramente aisladas y autónomas, como si fueran perlas que se agregan a un collar. En cambio deben considerarse como formas dinámicas y capaces de producir y expresar esquemas ya existentes. Por consiguiente, el grado de complejidad de una habilidad que hay que adquirir dependen del grado de complejidad del esquema en el que debe integrarse esta habilidad” (Reed 1971, 137). En pocas palabras, esto quiere decir que los resultados del aprendizaje motriz se realizan sobre la base de cuanto ya se aprendió.
Modificaciones en las aplicaciones
Se trata de dos posturas en mutua sintonía por cuanto, en general, por un lado no se deben esperar óptimos efectos del aprendizaje motriz en períodos de edad prepuberal precoz –así, con el aumento de la edad (en la adolescencia) incluso se aprende más rápidamente y se alcanza un más alto nivel de aprendizaje– y por el otro, sin embargo las precoces ocasiones de aprendizaje tienen efectos positivos sobre el posterior entrenamiento específico de la técnica. Además, se puede pensar que, en la perspectiva de promover el talento y el entrenamiento juvenil, estas posturas van a modificarse –y si esto ocurre– a limitarse, en mayor medida porque los estudios realizados hasta ahora se refieren a grupos que no son homogéneos. No ha de excluirse que sujetos extremadamente dotados desde el punto de vista motriz –de manera parecida a cuanto sucede en los procesos de aprendizaje cognitivos; por ejemplo, en ajedrecistas– alcancen y evidencien una clara tendencia a la precocidad. Sin embargo, también concordando con la tesis fundamental y con las suposiciones de Reed (1971, ver lo anterior), debería propenderse a propuestas precoces y crearse ocasiones de aprendizaje en las que sea posible desarrollarlas sobre la base de lo que ya se aprendió (Reed; “…según el nivel de competencia motriz ya alcanzada”). Por lo tanto, promover el talento debe garantizar que se brinden ocasiones precoces de aprendizaje motriz, pues son el fundamento y el componente del futuro entrenamiento de la técnica.
- Además, los procesos de aprendizaje tendientes a alcanzar elevada profesionalización específica en un deporte requieren una intervención de larga duración. Sin embargo, en el deporte de alto nivel, las carreras son cronológicamente limitadas, aunque –se trata de una tendencia nueva– una cantidad cada vez mayor de deportistas de ambos sexos y de más de treinta años de edad están todavía en condiciones de representar el nivel mundial. Frecuentemente, si se quiere utilizar al máximo el tiempo disponible, se necesitan ocasiones precoces de aprendizaje. Especialmente en deportes como, por ejemplo, la gimnasia artística, para el proceso de aprendizaje también se deben aprovechar algunas condiciones biomecánicas y antropométricas (cortos niveles). Asimismo, si se quieren evitar traumas y excesivas exigencias se necesitan iniciativas de formación de largo plazo –amplias y sistemáticas– que insumen largo tiempo y, por lo tanto, requieren una iniciación precoz.
- Probablemente también en aquellos deportes, como por ejemplo, el salto con esquíes, en los que el coraje, la falta de temor y alta disposición a asumir riesgos forman parte del éxito, se justifican fases precoces de aprendizaje, por cuanto permiten dar a los movimientos deportivos la naturaleza y la seguridad de los de la vida cotidiana.
- No como remate, en la promoción del talento se trata de crear vínculos estables con determinado deporte, para canalizar los múltiples intereses y reducir al mínimo la tendencia a desertar (drop-out).
Sin embargo, también en estas condiciones, sigue teniendo validez que no se puede legitimar una preferencia por iniciativas sistemáticas e intencionales de aprendizaje que se limiten estrictamente a la edad prepuberal: el lapso de edad en el cual puede desarrollarse y entrenarse una técnica de forma eficaz y fructífera, es decir, en el que se puedan iniciar procesos de aprendizaje motriz, es más amplio de cuanto se haya supuesto frecuentemente hasta ahora. Esto no contradice la idea de que ya en el entrenamiento motriz general y básico, que precede al inicio de lo específico básico, verdadero y adecuado, no deban ofrecerse precozmente ocasiones de aprendizaje. Sin embargo, sus contenidos son de carácter general, sin relación con un deporte específico, se encauzan hacia capacidades de coordinación, son multilaterales y ricos en variantes, promueven la experiencia motriz, amplían el repertorio de movimientos y mejoran la capacidad general de aprendizaje motriz (Joch y Ückert 1999).
6. Argumentos vinculados con la ciencia del entrenamiento
Construir el ejercicio que tenga en cuenta el desarrollo
Programar la elaboración del ejercicio que se adecue a la peculiaridad de la edad lo ha concebido y justificado Beige, en los comienzos de la década del setenta, esbozándolo como una opción dirigida a la “especialización precoz” y esencialmente persigue tres finalidades:
- “…utilización planificada de las respectivas fases favorables a la máxima expresión de los factores individuales que determinan el desempeño” y “el óptimo aprovechamiento del potencial innato”:
- “…prolongación de la fase de ascenso (del desarrollo del ejercicio) tendiente a consolidar la elaboración del ejercicio, entendido como creciente estabilización de la motivación en los rendimientos máximos y, por lo tanto, eliminación de inestabilidades en su relación con factores molestos”;
- “…mayor margen de tiempo entre el comienzo del entrenamiento y el punto culminante de la capacidad de desempeño (…) y también de la adaptación individual del entrenamiento al desarrollo general del joven” (Beige 1973, 123);
En recientes discusiones sostenidas dentro de la ciencia del entrenamiento, a este programa se lo considera, ante todo, como un complemento del concepto de “especialización en el momento justo”, pues ambos aspectos –la especialización y la elaboración del ejercicio de plazo adecuado al peculiar desarrollo, marchan a la par: los talentos deportivos deben prepararse bastante precozmente para los ejercicios y cargas a los que se los somete durante el entrenamiento y la competenciasi deben orientar sus componentes individuales determinados por el desarrollo (Martin y otros, 1991).
Componentes del ejercicio susceptible de desarrollo
Un elemento decisivo para promover el talento y el entrenamiento juvenil es la existencia de componentes del ejercicio que sean susceptibles de desarrollo. En este sentido, capacidad de desarrollo significa dos cosas:
- Al evaluar las funciones y actitudes no se trata de determinar las características que corrientemente se expresan en su máximo nivel sino aquellas que pueden desarrollarse y expresarse hasta el nivel, más alto posible; y
- debe garantizarse que prioritariamente se inicie desde aquellas medidas de entrenamiento, que no ponen en primer plano el desarrollo del nivel actual, sino que se proponen garantizar el futuro.
Por lo tanto, el desarrollo del entrenamiento se vuelve siempre hacia el desarrollo en perspectiva. Lo que en primer lugar merece promoverse no es quién dispone corrientemente de particulares características (de desempeño), sino quien dispone de aquellas que seguidamente serán eficaces para el desempeño. “Mirar hacia delante” y examinar las características que serán significativas en perspectiva es más importante que observar la estructura de los rendimientos actuales.
La prospectiva del talento y los componentes del desempeño que sean susceptibles de desarrollarse exigen que se tengan en cuenta tres principios:
* El principio de largo plazo
En (casi) todos los deportes, el nivel actual de los resultados –el cual es muy alto– ya no permite llegar muy rápidamente al alto nivel. Puesto que cuando se halla en un alto nivel, es más difícil obtener cupos positivos de desarrollo, que cuando se encuentra en un nivel más bajo, resultan también mayores los esfuerzos, el empeño y también el tiempo que se necesitan. Cuanto más alto es el nivel de los resultados que se quiere alcanzar, menores son las probabilidades de que se lo alcance “espontáneamente”.
*El principio de las etapas intermedias
El hecho de que elaborar el ejercicio suceda a largo plazo obliga a articular una estructura que prevea etapas intermedias. Estas etapas se documentan, por un lado, en la elaboración articulada de períodos de entrenamiento y, por el otro, en avanzar en los requerimientos (de desempeño) en todos los sectores del entrenamiento y de la competición. Por lo tanto, las etapas intermedias tienen etapas de articulación, exigencia y control. Además son necesarias desde un punto de vista emocional, por cuanto los éxitos y fracasos resultan relativos y los procedimientos de control pueden aplicarse definidamente.
* Tener en cuenta la interrupción
El desarrollo motriz y también el del talento, no es lineal sino alternado; por lo tanto avanza mediante “impulsos”, entendiendo con esto que hay períodos con procesos más rápidos y períodos con procesos más lentos; que las características individuales motrices son más precozmente sensibles a los estímulos externos y a las participaciones del entrenamiento, mientras otras demoran más; que hay notables variaciones cronológicas en la acción de los factores relacionados con la madurez y la capacidad que los órganos tienen para desempeñarse. Este proceso se caracteriza por la meseta (plateau) y por fenómenos de estancamiento de los ejercicios y asimismo por avances más o menos pronunciados.
La especialización “en el momento justo”
En perspectiva y por los objetivos que el deporte de alto nivel se plantea es inevitable la especialización. Nadie es capaz de hacerlo todo y especialmente de hacerlo bien. Sin embargo, una especialización (del todo) precoz o “con cierta precocidad” parece ser menos eficaz. La especialización necesaria y en el momento justo no contradice el principio de la multilateralidad. Dentro de un deporte –por ejemplo, la gimnasia artística, el fútbol o el salto con esquíes– la riqueza en cuanto a variantes representa la óptima conexión entre multilateralidad y especialización.
A la funcional adaptación del organismo al ejercicio competitivo se la considera el criterio más importante para obtener mayores rendimientos y asimismo para una práctica deportiva exenta de traumas y daños. Pero esto sólo puede realizarse preparándose especialmente para este ejercicio competitivo: “El ulterior desarrollo de los sistemas funcionales motrices debe realizarse con ejercicios que, por sus “espacios” característicos, corresponden al ejercicio competitivo deseado” (Schnabel y otros, 1994, 259-260).
Una vez más, en el centro encontramos al aspecto del desarrollo como “un aspecto ulterior”, en niveles cada vez más altos, es decir, que una interacción cada vez mejor entre sistemas y funciones orgánicas, musculares, nerviosas y sensoriales presupone una especialización.
7. Resumen
- Para promover el talento es determinante establecer cómo se desarrollan los talentos mediante el entrenamiento. Al avanzar, un importante papel lo representa su “impulso interior”, pero una importancia de igual gravitación es la que se atribuye a una planificación y un mejoramiento sistemáticos del desempeño, programados teniendo presente el resultado final que se quiere obtener y dirigidos por entrenadores competentes.
- En el desarrollo del talento, el cambio de las características importantes para el rendimiento se anteponen a la búsqueda de comportamientos estables de largo tiempo. Ciertamente, el desempeño deportivo –concebido como constante– es un componente necesario para determinar el talento, pero no es suficiente.
- En principio, los procesos de desarrollo son abiertos y no constituyen secuencias estandarizadas. Los márgenes de los procesos de desarrollo, la riqueza de sus variantes y su variabilidad son mucho mayores de lo que a menudo se cree. Un factor constitutivo y una expresión de estos márgenes son las evoluciones inesperadas del desempeño (en sentido positivo o negativo).
- En la múltiple trama de relaciones existentes entre los respectivos factores, el desarrollo del talento no se efectúa como un simple fenómeno de estímulo y reacción. No siempre las mismas acciones producen los mismos efectos y diversas intervenciones, en diferentes momentos, pueden provocar reacciones completamente distintas.
- Para determinar los sujetos de “interés”, por lo tanto, para formar y estructurar grupos de talentos que hay que desarrollar se debe:
–garantizar un alto grado de variabilidad: esto quiere decir, por ejemplo, que es necesario pensar en lapsos más prolongados en lo que concierne a la duración y los ritmos de desarrollo;
–garantizar que haya flexibilidad: esto significa, por ejemplo, que hay que utilizar normas que deban ser poco rígidas y que las duraciones de los períodos de promoción tampoco deben definirse de manera fija y limitada; y
–es necesario tener en cuenta la individualidad: esto quiere decir, por ejemplo, que en los planes se incluyan las peculiaridades de los procesos inter-individuales e intra-individuales en el desarrollo y las desviaciones de las normas.
Por lo tanto, las columnas que sostienen la promoción del talento son la variabilidad, la flexibilidad y la individualización.
1 Thiess G., Das Nachwuchstraining im Spiegel von 20 Jahen “Leistungssport“, Leistungssport 21, 1991, 6, 12-14.
2 BISp-Info 1996/4, 12: proyectos de estudio sobre la promoción, búsqueda y selección del talento (9. puesto). Deporte de adultos y de la tercera edad (8. puesto). Deporte para la salud (5. puesto).
3 Ver Rahmentrainingspläne des Deutsches. Keichtathletik (Planes, cuadro de la Federación Alemana de Atletismo: entrenamiento básico y de elaboración), por W. Loch y Aachen 1991 y siguientes.
4 La Federación Alemana de Fútbol (Deutsches Fussbalt Verband, DfV) tiene otros cinco millones de inscriptos, organizados en 26.000 sociedades deportivas; en la actividad oficial participan además 10.000 equipos Juniors de 14 a 17 años y 50.000 equipos de alumnos de menos de 14 años. Y hasta en las clases inferiores existe un calificado plantel de entrenadores que tienen posibilidad de impartir formación continua y actualización de manera regular.
* Winfried Joch: Instituto Ciencias del Movimiento, Departamento de psicología y ciencia del deporte. Universidad Wilhelm, Münster, Alemania.
Artículo extraído de la publicación italiana “SdS”, Año 2000, Nº 47/48, editada por el CONI, Escuela Central de Deportes.








