Necesidad de la actividad física infantil

Para una mejor salud de los adultos

¿Por qué la actividad física sistemática es tan indispensable para la salud como una buena alimentación? Este artículo repasa la evidencia sobre los efectos fisiológicos del movimiento —sobre el sistema cardiovascular, metabólico, endocrino e inmune— desde la infancia hasta la vejez, y advierte que sus beneficios se pierden rápido (en semanas o meses) cuando se abandona la actividad. El autor también cuestiona al sistema educativo argentino por no formar profesionales ni políticas sólidas orientadas a la promoción real de la salud a través del movimiento.
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Un objetivo fundamental de las políticas educativas en todos los niveles, debiera ser mantener y mejorar las condiciones de salud de la población. Uno de los requisitos previos esenciales para lograrlo, es la salvaguarda de la cuota necesaria de actividad física de todos los ciudadanos, cualquiera sea su edad.

La salud, deteriorada aun más durante las crisis económicas, se ve afectada por una serie de enfermedades crónicas con antecedentes en la desnutrición, el sobrepeso o la falta de actividad física.

Los sistemas de asistencia sanitaria gratuita o mutuales se colapsan, sin insumos y con una farmacopea casi prohibitiva por sus costos y por la falta de control estatal sobre todos sus aspectos de elaboración y comercialización.

Muchos estereotipos antiguos y errados predominan en la concepción de la salud, todavía se recomienda a los asmáticos la natación sin especificaciones, sin pensar que en los natatorios cubiertos se respira vapor de cloro, un alérgeno de aquéllos si los hay.

Además, la estrategia sanitaria actual, es mala y cara para el conjunto de la sociedad. Todo funcionario responsable que actúe a cualquier nivel y mucho más los docentes, debiera preocuparse por la conservación de una salud adecuada para los miembros de la comunidad que integra. La estrategia principal para servir a este fin consiste en la promoción de la salud, incluidas la protección de la misma y la prevención de enfermedades como objetivos intermedios.

El aumento del conocimiento sobre los orígenes, las causas y los factores que elevan el riesgo de padecer enfermedades ha ampliado las posibilidades de alcanzar tales objetivos.

Algunas de estas posibilidades se podrían concretar mediante la puesta en marcha de programas de mejora de la nutrición y de reducción del consumo de tabaco y alcohol.

Las experiencias acumuladas por numerosos países indican que, a largo plazo, es posible obtener resultados notables mediante la adopción de acciones sistemáticas, concertadas y de gran alcance por parte de varios agentes asociados. Son ejemplos de los éxitos alcanzados la disminución de los índices de tabaquismo de la población adulta y la reducción del consumo de grasas saturadas en muchos países.

Los nuevos estudios realizados ofrecen datos actualizados acerca del papel que desempeñan diversos factores en la atenuación o el agravamiento del riesgo de ciertas enfermedades.

La actividad física y la salud

Es urgente ampliar la actividad física sistemática en todas las edades con el fin de mejorar el nivel actual de salud y calidad de vida y mantenerlas hasta edad avanzada.

Están probados hoy:

  • Los efectos beneficiosos de la actividad física sobre problemas de salud muy frecuentes y
  • La falta de una actividad física sistemática suficiente para lograr esos resultados.

Ya hace muchos años que el Dr. Israel demostró en la ex-Alemania Oriental, con una experiencia masiva, que los niños que practicaban actividades aeróbicas de modo frecuente y sistemático mejora ron su inmunidad a las enfermedades infecciosas infantiles.

Desde la infancia necesitamos un nivel suficiente de fuerza, resistencia, flexibilidad, destreza para el gesto motriz y equilibrio acordes con nuestra edad, para movernos, trabajar y actuar sin tensiones ni riesgos indebidos.

Ningún niño argentino, ni siquiera los que están insuficientemente alimentados corren el riesgo de problemas de salud por exceso de actividad física. En todo caso, sucede todo lo contrario. Las funciones fisiológicas que determinan estas capacidades se deterioran inevitablemente por la falta de movimiento.

El deterioro promedio de numerosas funciones y capacidades de las personas físicamente pasivas es mucho mayor (en muchos casos cerca del doble) que el de las activas. Por otra parte, tales funciones y capacidades pueden llegar a mejorar sensible-mente mediante la actividad física, aun en edades avanzadas.

El sistema académico argentino no forma profesores de Educación Física para trabajar en hospitales o asilos de ancianos. Es más, en muchos centros de formación profesional ni siquiera les dan los conocimientos y recursos didácticos necesarios para mejorar (o en todo caso no empeorar) la salud de sus alumnos. Eso sí, ninguno deja de ser informado del último delirio pedagógico o didáctico, sobre todo si no tiene base científica experimental. Al Sistema Educativo Argentino no le interesa la Salud de los ciudadanos y en el mejor de los casos cree que la misma se logra haciendo estudiar un libro de Higiene en el colegio secundario. De acciones concretas ni hablar.

La actividad física produce numerosos efectos fisiológicos positivos. Su influencia en los sistemas cardiovascular y músculo/esquelético es bien conocida, pero los beneficios para el funcionamiento de los sistemas metabólico, endocrino e inmune son asimismo considerables.

Muchos de los efectos beneficiosos de la práctica de ejercicio, tanto de las actividades de fortalecimiento como de las de resistencia, disminuyen al cabo de dos semanas si la actividad se reduce sustancialmente y desaparecen transcurridos de dos a ocho meses, si no se reanuda.

Las personas de todas las edades y de los dos sexos experimentan adaptaciones fisiológicas favorables a la actividad física.

Los efectos mencionados se concretan en el aumento de la energía y la disminución de la fatiga en las actividades ordinarias y en una mejor elección de ocupaciones para los períodos de ocio; en mayor seguridad en los desplazamientos y un menor número de lesiones, tanto en los niños como en los grupos de población de edad avanzada. Podemos señalar a este respecto que la actividad física es la única forma de influir de manera directa y eficaz en estas funciones. No puede compensarse por ningún otro medio, su ausencia en lo que respecta al mejoramiento de las aptitudes en la niñez y al mantenimiento de capacidades funcionales suficientes al envejecer. Con la salvedad que, quien no está acostumbrada a la actividad física sistemática de joven difícilmente la desarrolle de viejo.

El estado de las estructuras y las funciones que determinan la capacidad para el rendimiento físico se denomina tradicionalmente “Aptitud Física”. Depende de la cantidad y el tipo de la actividad física realizada. Muchas de esas estructuras y funciones que pueden verse influidas por la actividad física determinan y forman parte también del estado de salud en cada momento de la vida, o predicen la situación de ésta en el futuro.

Los componentes de la aptitud física íntimamente ligados a la salud, constituyen objetivos concretos, mensurables y comprensibles a corto y medio plazo para la actividad física orientada a la mejoría de la calidad de vida. Algunos dependen de forma sustancial y específica de esta actividad, como la capacidad cardiorrespiratoria, mientras que otros están influenciados por problemas metabólicos, culturales o medioambientales como la tensión arterial.

La necesidad de ampliar la actividad física para mantener las capacidades funcionales en un estado adecuado se pone de manifiesto en los numerosísimos estudios.

Bibliografía

Physical Activity and Health, A Report of the Surgeon General (US), 1996.


* Licenciado en Educación Física. Coordinador del Dpto. de Educación Física y Deportes Univ. Nac. de Mar del Plata.  Titular de Cátedras ISFD N° 84. Prof. de Teoría e Historia, Postítulo en Educación Física de INSFD 84.

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