
¿Por qué la mayoría de las culturas asocian la derecha con lo bueno y la izquierda con lo malo? Este trabajo del psicomotricista Miguel Sassano explora cómo el niño construye la noción de espacio a partir de su propio cuerpo y su movimiento, y recorre la fascinante historia cultural, religiosa y lingüística de la lateralidad —desde las pinturas rupestres hasta la Biblia y los guerreros con escudo— para entender por qué somos, en su mayoría, diestros. Primera parte de un trabajo que continuará abordando pruebas para detectar la lateralidad y sus alteraciones en el desarrollo.
Palabras clave: Espacio. Herramientas. Preferencia manual. Lateralidad. Diestro. Siniestro.
El contenido de este trabajo (primera parte), es una selección de algunas de las investigaciones que se han hecho sobre el tema de la lateralidad con el fin de ponerlas al alcance de pedagogos y profesionales. También es el resultado de nuestra experiencia en el trato con niños en actividades recreativas en el patio escolar, en el salón de clases, en los consultorios donde hemos realizado tareas clínicas y en supervisiones y conversaciones con colegas psicomotricistas.
El espacio y su estructuración
“el espacio del cuerpo, o espacio propioceptivo, es totalmente distinto al espacio exterior. No es homogéneo e involucra una derecha y una izquierda de la que los gestos reciben una adaptación en alguna forma subjetiva”. (H. Wallon; 1965).
La noción del espacio es una noción aprendida no es una noción con la que se nace. El niño adquiere las relaciones de lugar como resultado de su experiencia concreta. Desde que nace, empieza a establecer su espacio fisiológico mediante los movimientos de la cabeza y de los miembros y la elaboración del espacio se construye a través de los movimientos del sujeto y de la manipulación de los objetos.
Afirma Spitz que el espacio del niño es primeramente muy limitado y se reduce a sus impresiones táctiles: el cuerpo de su madre, la cuna… El entorno no se discierne del cuerpo. Pero el espacio, lo mismo que el tiempo, no se reduce a la integración de nociones ni tampoco al desarrollo de estructuras intelectuales.
Uno y otro son la materia, el sustrato de nuestra acción en el mundo; nos atraviesan; nos constituyen en la medida en que los constituimos; forman parte de nuestro universo de símbolos.
Es clara la imposibilidad de existencia del espacio sin el tiempo y de ambos en relación al cuerpo. No puede existir el cuerpo sin el espacio ni el tiempo, pero tampoco el espacio puede existir fuera del cuerpo que se mueve en un tiempo dado, a la vez que ese tiempo transcurre en un espacio, al que construye el cuerpo (Sassano, 2003).
La elaboración, lógicamente, no será la misma. El niño se desarrolla al reconocer los objetos y las formas, sin importar cuál sea la posición u orientación que éstos tengan respecto a él mismo.
Cuando empieza a caminar, enriquece su conocimiento sobre los objetos y las relaciones espaciales. Al dirigirse a un lugar para tomar el objeto que quiere, toma conciencia de su propio movimiento. Pronto usará otros caminos para evitar obstáculos y así entenderá las relaciones espaciales que hay entre los objetos, así como la de los movimientos del propio cuerpo.
La acción corporal, según dijimos, no puede desarrollarse si no es en el espacio y si analizamos bien, el espacio no posee significación alguna si no existe un cuerpo que actúe sobre él. Según Merleau Ponty (1975), del cual estamos tomando algunas ideas, el cuerpo constituye el “aquí” alrededor del cual se construye el “allí” o espacio exterior.
El espacio homogéneo es la forma que explicita el espacio orientado, el cual el contenido corporal (relaciones arriba – abajo, derecha – izquierda). Así la forma sólo es accesible mediante el contenido, porque el espacio corporal posee en sí mismo el fermento que lo transforma en espacio universal.
De esta manera, no podría haber espacio para mí si no tuviera un cuerpo que me introdujera en él y sobre el cual haya experimentado las transposiciones, equivalencias, etc., que hacen del espacio un sistema objetivo que permite a nuestra experiencia ser una experiencia de objetos.
La motilidad es laesfera primaria en que se engendra el sentido de las significaciones en el dominio del espacio representado y el cuerpo es el punto de referencia y el medio para crear ese espacio, en el primer caso, porque es el “aquí”, centro y eje: en el segundo, porque por medio de los miembros, es polidimensional y por el movimiento ocular se aprehende el espacio óptico ysu profundidad
Los lugares en el espacio, al decir de Merleau Ponty (1975), no se definen como posiciones objetivas en relación a nuestro cuerpo, sino que se inscriben en el avance de nuestras intenciones o gestos. Así,habituarse a un sombrero, por ejemplo, es instalarse en él y hacerle participar de la voluminosidad del cuerpo propio.
Así como el arriba y el abajo, la derecha y la izquierda, no se muestran al sujeto con los contenidos percibidos y se constituyen en cada momento con un nivel espacial respecto del cual se sitúan las cosas; de igual manera, la profundidad y la magnitud vienen a las cosas porque ellas se sitúan con relación a un nivel de las distancias y de las magnitudes que define lo lejos y lo cerca, lo grande y lo pequeño con anterioridad a todo objeto punto de referencia. Cuando decimos que un objeto es gigantesco o pequeño, que está lejos o cerca, lo hacemos frecuentemente sin ninguna comparación, ni siquiera implícita, con ningún otro objeto, o siquiera con la magnitud y la posición objetiva de nuestro propio cuerpo; sólo respecto de cierto alcance de nuestros gestos.
El espacio y el esquema corporal
El espacio en torno del esquema corporal puede acercar los objetos al cuerpo o el cuerpo a los objetos, sólo la configuración de la situación individual determina las distancias.
Por otro lado, vemos que es notable, desde el punto de vista psicológico, el hecho de tener un objeto en nuestras manos nos hace sentir nítidamente tanto su superficie como la de nuestros dedos, sin embargo, éstas no llegan a fundirse por completo, de modo que existe un espacio perceptible entre ellos, psicológicamente hablando. En ese sentido es notable como se “cargan”, como se “llenan” de significación distintas zonas de un campo físico cualquiera, sea por ejemplo el aula o el patio escolar, donde algunos niños se ubican muy cerca del maestro, de la puerta, atrás, adelante, etc., mostrando diferentes modos de comportamiento, no por sí solos, sino unidos a otros aspectos que se observan. La ubicación relativa a sus pares muchas veces se asemeja a una sociometría espontánea, donde el registro por parte del maestro, será de gran importancia para detectar rechazos, subgrupos, atracciones, etc. (Sassano, 2003).
Cuando se trabaja con el grupo en actividades en el patio, en el gimnasio, o en cualquier espacio amplio, efectuando distintos desplazamientos, es interesante observar la conducta de algunos integrantes, que suelen “apoyarse” en los límites o, desplazarse a lo largo de las paredes, tomar siempre el mismo recorrido, no atreverse a recorrer el espacio libremente, o evolucionar en cualquier dirección, explorando el espacio sin dificultad.
Según Palladino (1980), las nociones espaciales no están dadas “a priori” en el sujeto, sino que implican toda una construcción que se va realizando a través de distintas etapas evolutivas. De esta manera, estas nociones y sus características, con sus relaciones, se elaboran también al compás de la maduración nerviosa, en las sucesivas etapas y según las características de la inteligencia en cada una de ellas. La construcción se lleva a cabo por la interacción del sujeto y el medio que lo circunda.
Para un sujeto inmóvil el espacio no existe, es decir, el movimiento y el desplazamiento del propio cuerpo tienen una importancia fundamental para el desarrollo de los conocimientos espaciales.
Defontaine (1982) indica que la estructuración del espacio necesita una buena adquisición del esquema corporal. Organizar su espacio es construir un terreno de acción. Este dominio del cuerpo en el espacio no puede llevarse a cabo si el espacio no está estructurado, no puede ser aprehendido, más que por el movimiento, pues el cuerpo se toma como referencia y es a partir de sí mismo que el niño se colocará en relación al mundo que le rodea. De este modo las nociones derechas, izquierda, delante y detrás que se desprenden de ello, sólo pueden integrarse verdaderamente a través de una experimentación personal que tenga sentido y valor para el niño.
“A través de las acciones pensadas y efectuadas por el sujeto y luego dirigidas y controladas por él, aunque realizadas por otros, a través de la necesidad de desprenderse de la situación inmediata para enfocar la situación de conjunto, de abandonar su propio punto de vista, sus propias referencias para estudiar las de los demás, se constata una evolución en la propia organización del modo de pensamiento y del modo de acción” (Bucher, 1973). Es, pues, el desplazamiento el que permite la orientación, sea en el propio movimiento, sea en el movimiento de otro o en el de los objetos.
Piaget indica que la fase de representación directa del espacio debería completarse por una fase de representación mental descentrada, en la que el eje ya no es el propio cuerpo sino el de otro o el de un objeto exterior.
Defontaine (1982) sostiene que esta organización sólo aparece hacia los 8-9 años, cuando el niño es capaz de situar la derecha y la izquierda de los objetos en relación a un objeto exterior y además puede tener una justa apreciación de las distancias, que al principio, el niño no sabe: por ejemplo, exactamente cuántos pasos serán necesarios para un recorrido y se corrige siempre, luego consigue apreciar mejor la distancia que separa a la persona del obstáculo y señala un número de pasos que se revela casi exacto. Debe además tener un reconocimiento de las direcciones.
Por ello es que sostenemos la premisa de que el fenómeno del cuerpo en el espacio – tiempo, es un proceso muy complejo de construir y que deviene de la experiencia del movimiento.
Lateralidad
No sepa tu izquierda lo que hace tu derecha.
La Biblia. Mateo 6:3
Nuestro interés por la izquierda y la derecha, las causas y consecuencias de su existencia y utilización comenzaron en nuestra juventud, cuando jugábamos al fútbol y espontáneamente nos gustaba hacerlo en posiciones que habitualmente ocupaban los zurdos, aunque nosotros no lo fuéramos. Por ese mismo tiempo el famoso Paul Mc McCartney, de los Beatles, reveló que cuando era niño solía realizar todo de atrás para adelante; la escritura la hacía de derecha a izquierda. También tenía dificultades fuera de la escuela, pues no podía aprender a andar en bicicleta porque insistía en pedalear al revés y estaba convencido de que ese era el modo correcto. Todo lo hacía con la mano izquierda y por mucho que tratara no podía cambiar el hábito. Luego descubrió que en su bajo eléctrico podía poner las cuerdas al revés, aunque ello no le evitó seguir teniendo algunas dificultades en su vida cotidiana.
La última inquietud surgió cuando realizábamos el servicio militar obligatorio (hoy ya no existe) y debimos apuntar con un fusil, apoyado sobre el hombro derecho y el ojo elegido para apuntar fue (y es) el izquierdo, lo que dificultaba enormemente esta praxia, aunque con excelentes resultados en la puntería para nosotros.
Con estas experiencias en la memoria, luego, nuestra profesión y esas inquietudes nos llevaron a investigar otros elementos, sobre los cuales ahora estamos escribiendo.
Este tema ha sido el objeto de estudio de muchos autores, fundamentalmente de los que se dedican al estudio de la psicomotricidad, del lenguaje y de las dificultades del aprendizaje. Su papel, por lo tanto, no está del todo aclarado ni ha encontrado todavía consenso.
En sí, el término lateralidad,deriva del latín y quiere decir “lado”.
Por lateralidad se entiende, en general, la preferencia que el hombre manifiesta por el uso del lado derecho o izquierdo de su cuerpo, la cual se debe a la asimetría que caracteriza a los dos hemisferios que forman el cerebro. Como veremos más adelante, los centros motores tampoco se desarrollan de la misma manera en ambos lados, es por ello que un centro puede dominar en un hemisferio, mientras que otro puede hacerlo en el contrario. Esto trae como consecuencia que haya personas zurdas de un ojo, de un oído y diestras de mano y pie, o bien, cualquier otra combinación; es decir, que tengan lateralidad cruzada. Además, la preferencia puede darse en distinto grado.
Cuando hablamos de lateralidad la definimos entonces como una tendencia natural a utilizar un lado del cuerpo con preferencia al otro (o una parte de un lado: ojo, mano…) en todas las tareas que requieren una acción unilateralizada (Sassano, 2003).
La noción de lateralidad manual, utilizada en muchas ocasiones, es demasiado restrictiva; indica la preferencia lateral del miembro superior, pero no tiene en cuenta la preferencia del miembro inferior y la de los órganos sensoriales.
Un poco de historia…
La mayoría de las sociedades hablan de la preferencia lateral derecha. En la civilización china, por ejemplo, al lado izquierdo se le reviste de un carácter honorable, sin embargo es una civilización diestra. Por otra parte, el ambidextrismo no se ha desarrollado allí más que en otra parte y curiosamente ninguna civilización preconiza la preferencia lateral izquierda.
En este sentido, algunos vestigios registrados en la historia, nos ayudan en esa hipótesis.
De investigaciones hechas por Mortillet, Johnson y Wright y en especial por Sarasin, sobre las herramientas de la Edad de Piedra, sobre todo durante el periodo paleolítico, se concluye que casi no había preferencia manual. Durante el paleolítico y el neolítico, cuando predominaba una cultura basada en la caza, la pesca y la recolección de plantas salvajes, las herramientas fueron hechas de lo que la naturaleza ofrecía: madera, hueso, marfil, piedra, etc. Dichas herramientas no presentaban ningún problema y cada individuo las usaba según su conveniencia sin que interfiriera ninguna influencia social y por lo tanto, no presentaban una preferencia manual particular.
El dominio diestro fue instituido durante la Edad de Bronce (3.000 – 1.000 A. C.) con la invención de la rueda, el arado, la carreta, la escritura, la arquitectura y sobre todo, la utilización del bronce. Una vez que el hombre aprendió a manejar estos nuevos instrumentos, nació una nueva cultura. Las herramientas se complican y ya no es más el campesino el que las elabora y será necesario utilizar las herramientas según la forma con que las haya construido el inventor. En estas condiciones, la preferencia manual había nacido.
Sin embargo, según Coste (1978), el hombre primitivo era ya diestro y esto queda confirmado con la confrontación de las impresiones manuales que adornan el interior de las cavernas prehistóricas. La mayoría de las impresiones encontradas pertenecen a las que la sustancia colorante es aplicada en la mano desnuda y se apoya sobre la piedra y la impregna. Estas marcas digitales pertenecen a la mano izquierda, por lo cual el pincel o la manera de colorearla fue realizada con la mano hábil, en este caso la derecha. Una prueba de ello serían las manos pintadas en las cuevas del Río Pinturas, de la Provincia de Santa Cruz, Argentina.
Las herramientas más complicadas fueron diseñadas y adaptadas al uso de una mano determinada; el inventor estaba en posición de decidir, aunque no siempre de manera consciente, qué mano se emplearía para manejar el nuevo instrumento, mientras que el usuario no podía hacerlo. Así pues, de acuerdo con la teoría de Sarasin, desde ese momento nació la preferencia manual forzada y fue extendiéndose su influencia debido a las reglas sociales y a las costumbres religiosas.
Según Hécaen y Ajuriaguerra (1964), esta teoría del funcionamiento de las herramientas muestra los hechos tecnológicos con una interpretación mínima. Sin embargo, parece estar en contradicción con las conclusiones de los anatomistas que encontraron huellas de una preferencia manual cerebral en los esqueletos del hombre prehistórico. Las únicas herramientas que permiten llegar a la conclusión que fueron usadas por una sola mano son aquellas que se adaptaron a la forma anatómica de la derecha, (como por ejemplo las que usaron los esquimales para raspar) pues se ajustaban a la mano del dueño, quien era también su creador.
Estos autores señalan que hay otro tipo de evidencias en las que resalta la influencia del ambiente, que se pueden ilustrar con el manejo del escudo de los guerreros y que explica el uso de la mano derecha. Para proteger su corazón el guerrero presentaba al enemigo su lado derecho mientras sostenía el escudo con su mano izquierda; como resultado manejaba la espada con la mano derecha. La trasmisión de esta preferencia podía ser más bien el resultado de una costumbre que de un factor hereditario. Aunque esta teoría resulta interesante, encuentra sus dificultades cuando se trata de mujeres, ya que éstas no usaban armas y por lo tanto, no sigue un patrón fijo que permita justificar el uso preferente de una mano determinada.
La influencia de la escritura
A diferencia de algunos escritos antiguos, que se leen de derecha a izquierda o en forma vertical, en culturas como la nuestra empleamos un sistema de lecto-escritura de izquierda a derecha. Parece ser que esto se debe a la influencia determinante de algunos factores sociales. Así pues, recordamos que cuando los griegos adoptaron el alfabeto fenicio, empezaron a escribir en la misma dirección que lo hacían los semitas (de derecha a izquierda) y luego usaron la escritura de Boustrophedon, la cual se leía en todas direcciones. Después de un periodo de indecisión, se sistematizaron tanto la lectura como la escritura quedando establecida la dirección de izquierda a derecha en aquellos pueblos donde todos la utilizaban sin importar su clase social. En cambio, como dato curioso, el sistema de lecto-escritura que va en dirección derecha-izquierda (a pesar que, según algunas teorías, va en contra de las tendencias fisiológicas de la mayoría) pudo prevalecer porque fue trasmitido de una generación a otra y tras mucha instrucción.
Según otra hipótesis, la universalidad de la derecha es debida al movimiento aparente del sol que, si uno se pone hacia el norte, aparece por la derecha y se oculta por la izquierda. De aquí provendría todo el simbolismo: amanecer = pureza, fuerza; y atardecer = tinieblas, angustia, miedo… es necesario orientarse según el magnetismo terrestre para admitir esta hipótesis (Sassano, 2003).
Otra de las razones que pudo influir para que esto sucediera, como en el caso de los pueblos árabe y hebreo, es el papel tan importante que juega la religión en ambos. El Corán, libro sagrado de los musulmanes, está escrito en árabe: atentar contra su forma impresa sería un sacrilegio. Para los hebreos, por otro lado, su idioma forma parte de su pasado histórico; es un pueblo muy apegado a sus tradiciones y se ha cuidado de no introducir cambios que puedan atentar contra su idiosincrasia. Los griegos, en cambio, fueron un pueblo que quiso imponer su religión y sus costumbres entre los que iba conquistando. Era necesario, entre otras cosas, que su escritura llegara a las mayorías por lo cual había que hacerla más accesible.
Una posición intermedia y más actual a las que hemos visto, sería que la herencia y la influencia cultural son factores que no se excluyen; más bien parecen coexistir e interactuar en la determinación de la preferencia manual.
Para explicar los orígenes de la zurdería tomamos como base que el cerebro es asimétrico y la lateralidad es una consecuencia de esta característica; por lo tanto, el niño, al nacer, debe poseer en mayor o menor grado cierta preferencia manual. Pero el hombre es un producto de su interacción con el medio, entendiendo por este último tanto el marco natural como el económico y socio – cultural. Por lo tanto, la lateralidad no puede quedar excluida de este proceso; está sujeta a cambios por la influencia de diferentes factores, tanto internos como externos: por la herencia y por las presiones sociales.
Desde tiempos remotos y aún ahora en términos generales, ha habido una actitud negativa y de desprecio hacia los zurdos. Hay una fuerte tendencia a situar las cosas buenas hacia la derecha y las malas hacia la izquierda. Sin darnos cuenta, en sociedades como la nuestra, utilizamos un lenguaje que expresa preferencia y superioridad por la derecha lo que, inconsciente o conscientemente, despierta sentimientos de vergüenza en las personas zurdas. Estos sentimientos corren el peligro de manifestarse en una forma más concreta en la escuela donde el niño se siente diferente a los demás.
Como prueba de ello encontramos que Pitágoras recomendaba a sus discípulos entrar a los lugares sagrados por la derecha y abandonarlos por la izquierda. Lo primero, era divino; lo segundo, disolución. Aristóteles nos dice que los pitagóricos llamaban bueno a lo que estaba a la derecha, encima y enfrente y malo a lo que estaba a la izquierda, abajo y detrás.
En el mito de Er de Panfilia se habla que las almas, después de haber abandonado el cuerpo, llegan a un lugar maravilloso donde son juzgadas: a los justos se les ordena seguir el camino de la derecha para llegar al cielo; a los criminales el de la izquierda para ir hacia abajo.
Parménides atribuía el origen de los sexos a la posición del niño dentro del útero: del lado derecho, masculino; del lado izquierdo,femenino.
Platón consideraba que la educación jugaba un papel importante en el uso de la mano derecha y lo menciona en el libro VII de su diálogo “Las Leyes”: “en lo que afecta al uso de las manos y a todo lo relacionado con ellas, que la naturaleza ha establecido una verdadera diferencia entre la derecha y la izquierda. Mientras que respecto a los pies y otros miembros inferiores, no parece haber distinción alguna entre el derecho y el izquierdo, en lo tocante a los ejercicios que les son propios. Ahora bien, en lo que a las manos afecta somos en cierto modo mancos, por culpa de las nodrizas y las madres. La naturaleza ha dado a nuestros brazos una aptitud igual para las mismas acciones, pero nosotros los volvemos diferentes el uno del otro a causa de la costumbre y de la mala manera de servirnos de ellos”. (Platón . Diálogos, 322)
Sin embargo, nadie como los romanos para enaltecer la diestra. Ellos adoptaron el apretón de manos con la derecha; el alfabeto de izquierda a derecha; usaron los conceptos de “diestro” para referirse a la derecha (dextrous: hábil, ingenioso, capaz) y “siniestro” para la izquierda (para indicar lo funesto, lo maligno, lo cruel). Al entrar a la casa de un amigo, siempre tuvieron cuidado de hacerlo con el pie derecho por delante. Para la mente romana, aun el estornudar, era augurio de fortuna, bienestar o desdicha, dependiendo, claro está, para que lado volteaba uno la cabeza.
La biblia dice…
La Biblia y con ella el Judaísmo y el Cristianismo favorecen una mano a expensas de la otra. Tanto en el Viejo como en el Nuevo Testamento se señala constantemente que la gracia y el poder se encuentran “a la diestra de Dios”. Así, por ejemplo, Dios le dice a Jonás que “ Y no tendré piedad yo de Nínive, esa ciudad malvada, donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben distinguir entre su mano derecha de su mano izquierda” (Biblia. Jonás 4:11)para referirse al bien y al mal. En este mismo texto, solamente una vez se alaba a la mano izquierda: entre los 26.000 miembros de la tribu de Benjamín – cuyo nombre significa literalmente “Hijos de la Mano Derecha” – nos cuentan en el libro de Jueces que ” …de toda aquella gente había 700 hombres escogidos, que eran zurdos, todos los cuales tiraban una piedra con una honda a un cabello y no erraban” (Biblia. Jueces 20:11).
Según Dillenberger (en Peisenkovicius, 1986), autoridad en arte Bíblico, el simbolismo de la mano derecha es arrogante y absoluto. Esta actitud se continúa aún hoy en día en las principales ceremonias religiosas del Cristianismo: “El ofrecimiento y la toma de la hostia y el cáliz de vino, los movimientos del cura y del comulgante, el Signo de la Cruz y la Bendición, todos son diestros en carácter. Hacerlo de otra manera significa blasfemia”
En la Edad Media, el feudalismo siguió nutriendo la predilección por la derecha cuando el favorito del rey se sentaba a su diestra. La misma costumbre existió en la Asamblea Nacional Francesa donde los nobles ocupaban el ala derecha y el pueblo la izquierda.
Más acá, para Kant, existía algo peculiar en la diferencia de la derecha y la izquierda. En uno de sus escritos dice que no se puede describir la diferencia, en un espacio dado, entre cosas que están colocadas hacia un lado y cosas que están colocadas hacia el lado opuesto. De este modo, si se tomaran cuerpos que fueran completamente iguales y similares pero incongruentes, tales como las manos derecha e izquierda y se quisiera explicar de la mejor manera posible que podrían ser sustituidas una por la otra, se vería, sin embargo, que su diversidad no permitiría que los límites coincidiesen.
Bennett (1970) encuentra una diferencia cualitativa entre ambas manos y dice que una no podría ser reemplazada por la otra en la misma forma que el guante de una no le quedaría a la otra.
Entonces nos preguntamos: ¿Porqué prefirió la historia la mano derecha y despreció la izquierda?. Los términos derecha e izquierda han jugado un papel importante dentro de la moral y la religión. Robert Hertz (1960) ha estudiado ampliamente este aspecto que empieza con el principio de la polaridad religiosa, la contradicción fundamental de lo divino y lo endemoniado, la cual dominaba el mundo espiritual del hombre primitivo. Este autor explica el origen de la preferencia por la mano derecha como una necesidad estética y moral, porque las manos del hombre simbolizan la dualidad sobre la que se apoya la filosofía religiosa.
De esta rápida revisión histórica sobre la concepción de la derecha e izquierda podemos concluir que la vida se ha deslizado entre esos dos polos: uno que reúne lo sagrado, lo noble y lo precioso; el otro, lo profano y lo común. En uno se encuentra la verdad, la virtud, lo masculino, lo fuerte y lo activo; en el otro, la traición y el fraude; lo femenino, lo débil y lo pasivo. Esto es, un polo derecho, que es lo positivo y un polo izquierdo, que es lo negativo y, en el centro, el hombre que es el que ha creado y maneja dichas fuerzas. De ahí que fuera importante que las mismas no se encontraran unidas en la mano del sacerdote o del artesano; por ello, la diestra no debía saber de la siniestra. Era necesario que prevaleciera el principio religioso de la incompatibilidad de los contrarios.
La influencia del lenguaje
A consecuencia de ello, el lenguaje también ha jugado un papel importante en el significado de la derecha y de la izquierda. Lo derecho representa ideas de fuerza, de poder, de verdad y de generosidad; en una palabra, de rectitud. Lo izquierdo, por el contrario, está asociado con características negativas, con lo ilegal y lo incorrecto. Izquierdo o siniestro significa, en términos generales, malo. Así, por ejemplo, la palabra inglesa left viene del anglosajón lyft, que significa débil o quebrado; right, en cambio, significa derecho, recto, justo. En el inglés antiguo, por ejemplo, la mano derecha es denominada como strong hand. El término right en inglés es sinónimo de correcto y de bueno. Un significado bien diferente tiene el término izquierda. Sinister hand, en inglés, por ejemplo, que en español se designa por zurda, significa no ser inteligente. En latín o italiano, el término siniestra eufemísticamente quiere decir amenazadora, demoníaca, desleal, desafortunada y descoordinada.
Sus equivalentes en francés son: gauche, que se aplica a los desajustados sociales que siempre están cometiendo errores y droit, para lo que es correcto y está dentro de la ley. En vasco, escuerdi(izquierda) quiere decir “mitad de una mano”.
Observamos así que el lenguaje corriente nos ofrece un resumen muy significativo de los dos dominios diferentes asignados a la derecha y a la izquierda. Todas las palabras provenientes de izquierda revisten un carácter malvado (ser torpe, siniestro) mientras que para la derecha todo es fuerza, bondad, verdad (diestro, recto). No parece que etimológicamente las palabras deriven de un sentido físico primitivo extendido secundariamente a las cualidades morales, sino que, por el contrario han seguido el camino inverso.
No ha de sorprendernos que en algunas culturas, por consiguiente, un juramento hecho con la mano izquierda no sea confiable y que durante la ceremonia nupcial se junten las manos derechas pero, el anillo de matrimonio se coloca en el dedo anular de la mano izquierda, para que el metal nos proteja “del mal de ojo”. En la cultura musulmana, la mano izquierda está reservada para higienizar las heces y sólo con la derecha se puede comer.
Entre las tribus africanas del río Niger se les prohíbe a las mujeres cocinar con la mano izquierda por temor a un envenenamiento. Los beduinos apartan a sus mujeres hacia el lado izquierdo de la tienda de campaña y reservan el derecho para los hombres. En el Japón rural, las mujeres zurdas ocultan su condición para no ser divorciadas.
Entre algunos indios norteamericanos encontramos que la mano derecha significa pureza, altura, bravura y virilidad y la mano izquierda lo contrario, bajeza, muerte y destrucción. Sin embargo, hemos experimentado que en una tribu sudafricana los hombre ocupan la izquierda y las mujeres la derecha dentro de las casas habitaciones.
Próximamente hablaremos de la ontogénesis de la lateralidad, de las pruebas y cuestionarios para detectar la lateralidad y sobre las perturbaciones del desarrollo funcional de la lateralidad.
Bibliografía a disposición de los lectores.
* Miguel Sassano: Psicomotricista. Licenciado en Educación Física.
Director de la Licenciatura en Psicomotricidad de la Universidad de Morón.
E-mail: msassano@fibertel.com.ar








