Los jóvenes y la actividad física y deportiva. Datos y reflexiones.

Los jóvenes y la actividad física y deportiva. Datos y reflexiones.

La práctica de la actividad física y el deporte disminuye marcadamente durante la transición de la adolescencia a la juventud, especialmente entre las mujeres y los sectores más vulnerables. Las condiciones sociales, las desigualdades de género, la pérdida del vínculo con la escuela y la ausencia de políticas sostenidas limitan la construcción de hábitos activos, planteando la necesidad de fortalecer el papel de la Educación Física, los clubes y las políticas públicas como espacios de inclusión y desarrollo.
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33 min · 6.401 palabras

Por Luis Erdociaín, Diana Solís y Rubén Isa *

En el Estudio de Hábitos Deportivos (1), consideramos “joven” a la población comprendida entre los 15 y 24 años de edad, entendiéndolo como período de la vida que va desde la adolescencia hasta el momento de independencia de la familia de origen, según las prácticas sociales imperantes.

Pero, desde los marcos conceptuales con que trabajamos, definimos la juventud no como condición natural, sino como una construcción social e histórica que varía con los contextos sociales de que se trate y que se articula sobre elementos materiales y simbólicos de distribución social asimétrica.

Las divisiones etarias sobre las que basamos nuestro análisis reflejan las diferencias netamente cronológicas ligadas a la edad, pero existen condicionamientos según el género y el sector social de pertenencia, o incluso por la influencia de la moda, que tienen consecuencias directas en la distribución social  de la práctica deportiva.

La bibliografía señala la importancia de los códigos  de distinción en la distribución social de los consumos culturales, convirtiéndolos en “signos sociales”.  La práctica deportiva no está alejada de esa lógica que incluye los vaivenes de ofertas y demandas sociales de actividades físicas y deportivas.

 Deporte y Juventud

En nuestro país, los adolescentes y jóvenes de ambos sexos están atravesando desde hace muchos años situaciones cambiantes y abruptas que inciden desfavorablemente sobre su calidad de vida y expectativas personales.

Si bien los factores condicionantes actúan sobre todas las franjas etarias, en este caso impactan, generando particulares barreras que los convierten en una de las poblaciones de mayor riesgo y vulnerabilidad.

Frente a los desafíos que impone la supervivencia, la creciente desigualdad, junto a la falta de oportunidades crean un escenario propicio para la aparición de problemáticas que afectan severamente la movilidad social ascendente de los mismos.

Alguno de los problemas  más significativos, que atentan contra el desarrollo personal y social de los jóvenes son la drogadicción, el alcoholismo y el tabaquismo con sus correspondientes secuelas; la falta de empleo; la deserción escolar; los problemas de comunicación; la discriminación; el sedentarismo; la violencia, el maltrato y el delito; el embarazo precoz en las mujeres; el SIDA; la prostitución de jóvenes; problemas de alimentación: desnutrición, bulimia, anorexia, obesidad, etc.; depresión; desigualdad de los/as jóvenes ante la pobreza y la exclusión social

En consecuencia, los espacios de acción protagónica hacia el desarrollo humano, son reemplazados por una cultura de insatisfacción, incomunicación y marginación. A partir de allí, se crea un terreno sensible para la instalación de todos aquellos flagelos  que producen malestar y sustraen el derecho a vivir en forma saludable. 

La atención de los jóvenes merece una acción multidisciplinaria donde confluyan planes, programas y proyectos con la participación activa de los mismos, creando el marco institucional adecuado que facilite itinerarios superadores de esta situación. Debemos promover un ámbito activo donde los jóvenes puedan construir su destino con valores que promuevan una vida autónoma en un marco de libertad, responsabilidad y crecimiento.

Uno de los campos que colabora en forma dinámica y efectiva para la integración y contención de los jóvenes es, sin duda, el deporte y la actividad física.

La actividad física y el deporte son herramientas claves que favorecen la prevención y la inclusión en espacios democráticos, solidarios y cooperativos. El deporte es un agente de salud y educación de primer orden. Es un instrumento adecuado para facilitar la participación plena en actividades productivas que favorezcan su formación integral y actúen como factores de prevención sanitaria.

 A modo de ejemplo, en el gráfico siguiente podemos observar la práctica deportiva en ambos géneros a través de las distintas edades (Investigación Hábitos Deportivos de la República Argentina – STyD-INDEC).

Vemos claramente, cómo la práctica decae a partir de los 14 años, acentuándose de los 15 a los 24 por la falta de escolarización, hábitos y espacios accesibles. El mayor índice de sedentarismo lo sufre la mujer. A partir de los 20 años, la falta de práctica continúa durante toda la vida.

Se hace necesario entonces:
  • Facilitar el acceso de los/as adolescentes en sus barrios, a prácticas deportivas, educativas y de salud con perspectiva de género, para  facilitar la construcción de una identidad en equidad, la toma de decisiones libres y responsables en salud y la interacción social en beneficio propio y de la comunidad.
  • Promover una política institucionalizada y descentralizada de inclusión social y desarrollo para los/as jóvenes con la participación de las organizaciones juveniles, municipales, provinciales y nacionales.

Los/as adolescentes y jóvenes son actores estratégicos del desarrollo humano si cuentan con políticas públicas adecuadas que promuevan su inclusión social y garanticen sus derechos al desarrollo y la salud.

Ante las condiciones de exclusión en las que se encuentran los/as jóvenes de sectores populares por efectos del mercado, el Estado, la sociedad; tienden a concentrar en ellos la pobreza y la marginalidad, respecto a otros estratos sociales. La proporción de pobres es mayor en los/as niños/as y adolescentes.

Sin embargo, tampoco son ajenos a este tipo de condiciones de vulnerabilidad los sectores de ingresos altos, ya que con diversos matices y distintas causales están expuestos también a similares amenazas. La soledad, la incomunicación, la violencia, la droga, etc. cruzan transversalmente a todos, sin distinguir a que familia pertenecen.

Las políticas homogéneas y uniformes para todos/as los/as adolescentes y jóvenes que pretendían ser universales, han dejado afuera a sectores de mayor pobreza y vulnerabilidad, dedicando recursos a los/as adolescentes y jóvenes de los sectores medios e integrados.

En síntesis, cuando hablamos del joven, nos referimos a todos, sin distinciones. Cada uno presenta, entonces, problemáticas específicas y diferentes matices, que deben ser atendidas particularmente.

Los/as adolescentes y jóvenes reproducen, en el momento de la constitución de sus propios hogares, las condiciones  sociales que portan en sus estilos de vida, sobre todo con relación a la salud. Requieren por lo tanto políticas públicas específicas, acciones articuladas de organismos no gubernamentales y el aporte de la empresa privada, para que garanticen su derecho a la equidad de acceso al desarrollo y el cuidado de la salud.

El problema del joven y la responsabilidad de encontrar las soluciones, es de todos.

Los jóvenes. ¿Cuál es su lugar en este nuevo escenario?

El lugar que le toca a la juventud en el escenario social actual es sumamente complejo.

Se encuentran inmersos en este difícil juego por el cual está atravesando la humanidad y vemos cómo en ellos se expresa con mayor claridad y fuerza.

Dentro de la síntesis antes expuesta, podríamos diferenciar entre factores que responden a circunstancias coyunturales y otros con peso de base que son los fundamentales a tomar en cuenta. Mencionamos los siguientes:

  • Falta de guía

En este caso y como consecuencia de la disolución de la familia,  la descalificación que han sufrido las instituciones tradicionales que sostenían la confianza y la cohesión de las comunidades, el progresivo aumento del aislamiento y la desconfianza interpersonal.

Cuando las personas no disponemos de proyectos trascendentes y modelos que operen como guías a los cuales adherirnos, perdemos esperanza y sentido de la vida. La consecuencia más clara es que las personas se centran en ellas mismas y los valores y creencias que se desprenden de esta actitud son consonantes con actitudes de autosatisfacción que llevan a sentimientos de vacío existencial, tedio y diferentes formas de embriaguez.

  • Cultura del sentirse bien

Otro de los factores cruciales que está absolutamente interrelacionado a todo lo anterior, es tal vez aquél que se correlaciona más con el aumento (a niveles epidémicos) de la depresión y las adicciones. Para sintetizarlo encontramos que a partir de las últimas décadas y  con mayor profusión actualmente, nos encontramos en lo que se puede denominar la cultura del “sentirse bien”.

Cuando analizamos los factores que hacen a estados de fortaleza interior, esperanza, confianza personal y optimismo, encontramos que aquello que llamamos autoestima, está relacionado con la posibilidad de hacer lo que tenemos que hacer para luego sentirnos bien por el logro. La ecuación entre sentirse bien y hacerlo bien, parece  haber pegado un vuelco en este sentido, cambiando el valor del trabajo, desafío, esfuerzo para autosuperar, atravesar y sobrellevar frustraciones, tolerar diferencias, interactuar con otros en complementación y aceptación de otras miradas, …por creencias que sostienen como valor prioritario a los sentimientos de placer, relajación y bajo nivel de frustraciones.

Este conjunto de valores y creencias, está además muy sostenido por una cultura de consumo que genera todo tipo de mensajes en esta dirección. Este concepto es absolutamente opuesto a lo que la experiencia y los estudios sobre bienestar indican para que las personas puedan sentir esperanza, optimismo y sentido para vivir en plenitud.

  • La soledad

Un importante factor que se verifica de una manera alarmante es el aumento de los estados de soledad y aislamiento de las personas. Este fenómeno se atenúa significativamente cuando intervienen en actividades que  sean de su  interés. Pueden generarse  en el ámbito escolar, en clubes u otras instituciones que le sirven como lugares de referencia, identificación y contención. Se potencia fuertemente en los grupos no escolarizados.

Existen tres factores claves para la existencia de este fenómeno:

  1. Pérdida de la capacidad de comunicación significativa entre las personas.
  2. Aumento de la violencia e inseguridad
  3. La inadecuación ecológica urbana en el mundo juvenil
  4. La distancia que se produce con la naturaleza.

Tal vez el más crucial de éstos lo constituye la pérdida de comunicación significativa. La característica de significativa, está relacionada con la posibilidad de desarrollar vínculos empáticos entre las personas. Este tema está absolutamente ligado a una necesidad y característica fundamental de los seres humanos, base para la formación de la confianza y la creación de cultura.

  • La estigmatización de los/as jóvenes de sectores populares

En la opinión pública los/as jóvenes tienen significados muy distintos según el nivel socioeconómico.  La heterogeneidad de la juventud determina diversos caminos en la construcción de la identidad, autoestima, el sentido de pertenencia y los proyectos de vida. 

Los/as adolescentes y jóvenes de los estratos socioeconómicos de mayor pobreza, sufren hoy un riesgo de exclusión sin precedentes, condicionada entre otros aspectos, por los bajos rendimientos educativos, la estrechez del mercado de trabajo y la emancipación familiar temprana.

Un 11% de jóvenes entre 15 y 19 años y un 15,3% entre 20 y 24 años son excluidos sociales, es decir, no estudian, ni trabajan, ni son amas de casa.  Esta situación de exclusión se incrementa notablemente, cuando se trata de adolescentes y jóvenes pobres (21,8%), especialmente en los varones (26,3%).  Entre los 18 y los 24 años,  el 57,2% de los varones y el 52,1% de las mujeres no estudian  (SIEMPRO).

  • La exclusión de los/as jóvenes de las políticas públicas

La participación de los/as adolescentes es un principio mencionado en muchos de los programas sociales, aunque difícilmente sea puesto en práctica desde las etapas de planificación.  Con frecuencia los/as jóvenes son invitados/as a participar como beneficiarios del servicio o en el mejor de los casos se los convoca a participar en los procesos de evaluación. 

  • La exclusión de los/as jóvenes de las actividades físicas y deportivas

El 42% de los/as jóvenes no tienen acceso a actividades físicas o deportivas, situación que se asocia con situaciones de falta de escolaridad, los factores socioeconómicos y de género. En las jóvenes mujeres la exclusión llega a superar la mitad de la población (55,4%), duplicando la proporción de varones jóvenes que no acceden al deporte (28,6%).  Entre las limitaciones que expresan las jóvenes mujeres que no practican actividades físicas se encuentra la falta de tiempo (42,2%) y falta de dinero (21,4%). 

Como la práctica deportiva decae fuertemente en el grupo de 20 a 24 años, se puede suponer que también interviene las dificultades del sistema educativo para generar un hábito deportivo sostenido en las jóvenes y para quebrar aspectos discriminativos que operan como factores materiales y simbólicos que reproducen las diferencias existentes entre los géneros. Se suma a esta falencia la falta de espacios deportivos que interpreten las necesidades femeninas cuando dejan la escuela.

Mientras los espacios públicos son para los varones, las mujeres no encuentran su ámbito para las actividades físicas y deportivas. La situación podría explicarse también por los contenidos masculinos que ha tenido la práctica deportiva históricamente, lo que implica el desafío de reconfigurar ese espacio cultural llamado deporte.

La falta de práctica física aumenta en el grupo de mayor edad: los/as jóvenes de 20 a 24 años tienen el doble de exclusión de prácticas físicas que los/as adolescentes entre 15 y 19 años. Probablemente esta situación se explique porque este grupo se encuentra fuera del sistema escolar, ya que la mitad de ellos/as no estudian. Pero esta situación adquiere en el caso de las jóvenes mujeres cifras que llegan, en algunas poblaciones, al 72,3% sin acceso a prácticas físicas.

  • La exclusión de los adolescentes varones de las actividades de salud

Una vida saludable es el resultado de las decisiones que las personas toman respecto al autocuidado y del acceso que tengan a los servicios de salud. 

Los adolescentes varones consultan muy poco al sistema de salud, pero mueren 2,6 veces más que las adolescentes mujeres. La última encuesta de desarrollo social ha demostrado que la percepción de necesidad de atención es semejante en los varones (14,6%) que en las mujeres (18,2%) de entre 15 a 24 años[1]. Para explicar la tan marcada diferencia de acceso a servicios en detrimento de los varones, es necesario considerar las características de los servicios de salud, que están orientados principalmente a la atención de embarazadas y niños y  los aspectos culturales de los varones y mujeres respecto a la demanda de salud.  Los varones, fundamentalmente de los sectores populares, son socializados para ser autónomos, no pedir ayuda, no hablar acerca de sus emociones y no admitir necesidades en salud física y mental.  Por este motivo la OMS explica la mayor proporción de suicidios entre los varones, mientras las mujeres realizan intentos a modo de pedido de ayuda, o concurren a un servicio solicitando atención de problemas de salud mental.

La principal causa de muerte de los/as jóvenes es la violencia, que incluye accidentes, homicidios y suicidios que representan en el país el 62% de las causas de muerte de grupo etario.  Las situaciones violentas, se asocian con el mayor consumo de alcohol y drogas.  La OMS ha expresado que las presiones que reciben los varones para demostrar su hombría que les permita ser aceptado por su grupo, los lleva al inicio temprano de los consumos[2].

La educación para el autocuidado que los adolescentes podrían recibir en la escuela, también se ve limitada, porque los índices de exclusión escolar en adolescentes entre 15 y 17 años son mayores en los varones (16,3%) que en las mujeres (13,7%)[3] .  La falta de cobertura de la secundaria es de 18%, pero asciende al 29,8% en los/as más pobres[4].  Frecuentemente los problemas de los varones en la escuela se asocian con problemas de conducta y agresividad. 

  • Los estereotipos de género en la construcción de la identidad

Tanto los factores de riesgo, como los de protección de la salud, responden a las condiciones sociales de vida. El entorno donde se vive determina también una forma de construir la identidad. 

Pero como estos comportamientos reconocen causas socioculturales, son por este motivo, transformables. Espacios como la escuela, el polideportivo municipal, una casa de juventud o una sociedad de fomento, por ejemplo, pueden ser ámbitos culturales de generación de cambios en las identidades y en las condiciones de desarrollo de los/las jóvenes.

  • Relevancia para el desarrollo

La atención de adolescentes y jóvenes constituye una estrategia fundamental para el desarrollo social, político y económico de los países, teniendo consecuencias en los/as adolescentes hoy, en su vida adulta y en las próximas generaciones. Así lo ha planteado el Comité Directivo de la OPS/OMS en la 42º Asamblea Mundial (Resolución CE120.R8).

Según el Informe Estado de la Población Mundial, 1998, del Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP), existe hoy “la mayor generación de jóvenes que jamás haya existido”; esta afirmación reconoce la importancia demográfica de los/as adolescentes en los países en desarrollo. 

Cada vez más jóvenes se incorporan a la población activa, mientras decrecen los nacimientos y por lo tanto la población infantil. Se espera que durante los próximos 20 años la proporción de personas de la tercera edad no llegue a ser significativa.

El BID ha resaltado en su publicación Progreso Económico y Social en América Latina, 1998-1999, este fenómeno. Afirma que la mayoría de los países de la Región se encuentran actualmente en el momento de transición demográfica en que la población de adolescentes y jóvenes pueden convertirse en motor de conocimientos que les permitan ser agentes sociales  de cambio.

Este fenómeno es conocido con el nombre de “regalo demográfico”  y por él se explica que se está por delante de dos décadas en que los/as adolescentes y jóvenes, serán el grupo poblacional de mayor peso, por lo que, si se invierte en ellos/as, América Latina tendrá 20 años para acelerar el desarrollo.

  • Relación entre cultura y juego

Al crear cultura, la gente juega, libera su imaginación para producir significados compartidos. El juego es la categoría fundamental del comportamiento humano; sin el juego la civilización no existiría.

El acceso, por su parte, se convierte en un mecanismo para decidir a quién se permite jugar (participar) y a quién no.

El historiador holandés Johan Huizinga fue uno de los primeros en reconocer la importancia del juego en la constitución de la sociedad. Propuso que al definir qué significa ser humano, se le concediera al Homo Ludens la misma categoría del Homo Sapiens y el Homo Faber.

Huizinga sostiene que toda cultura se origina en el juego, ya que a través de él, las sociedades expresan su interpretación de la vida y el mundo. Las principales actividades de la sociedad humana provienen del juego: el lenguaje, el mito, los rituales, el folklore, la filosofía, la danza, la música, el teatro, la ley e incluso el derecho de guerra. Según Huizinga, la vida social es un inmenso juego.

Los antropólogos quizás nos recuerden que desde los mismos orígenes hasta la era industrial, los seres humanos pasaron mucho más tiempo jugando que trabajando. En la Edad Media, por ejemplo, casi la mitad de los días del año cristiano eran vacaciones, días de fiesta o feriados. Cuando la República Francesa decretó el cambio de calendario cristiano por uno laico con muchos menos días festivos, los campesinos se revelaron, obligando al gobierno a retirar su decreto. El trabajo sólo pudo imponer su supremacía en la era industrial, desplazando el juego a una actividad secundaria.

El juego se rige por reglas y principios diferentes a los que tradicionalmente rigen el trabajo. El juego se disfruta, es divertido. Aunque se puede disfrutar con algunos trabajos, la mayoría, el 75% de las tareas en la sociedad industrial o quizás más, son elementales y repetitivas y  en consecuencia tediosos y trabajosos. Además, el juego es una actividad voluntaria. La participación tiene que ser libre y voluntaria.

El verdadero juego es profundamente participativo y tiene lugar por lo general cara a cara; es espontáneo. El juego tiende a producir más intimidad que el trabajo, es más corporal y permite que aflore toda nuestra sensibilidad. Suele ser una diversión compartida que un placer solitario. A diferencia del trabajo, es un fin en sí mismo y no un medio instrumental para la consecución de otro fin. No se trata de producir, sino de divertirse.

En la edad moderna, la humanidad invirtió la importancia del juego y el trabajo. El trabajo se convirtió en el árbitro principal de nuestra actividad, mientras que el juego se convirtió en una actividad marginada a la que uno se dedicaba cuando no trabajaba o dormía. Paralelamente se alteró la relación entre esfera cultural y la comercial. A medida que el mercado se imponía al intercambio social y el capital mercantil eclipsaba al capital social, el trabajo iba adquiriendo importancia, mientras que el juego se trivializaba, restringiéndose al tiempo libre.

Esta realidad está comenzando a cambiar, al menos para una importante minoría en el mundo. Debido al avance de la tecnología, el trabajo será un rasgo cada vez menos definitorio de nuestra vida diaria.

La constante expansión de la producción, por un lado y la reducción de los costos y precios de los bienes de producción por el otro, está a punto de saciar a ese 20% de la población mundial que disfruta de un salario que les permite comprar lo que necesiten o deseen. Los bienes que pueden acumular con su salario les producen cada vez un menor rendimiento psicológico. La disminución de la jornada laboral y el declive del interés por la acumulación y las propiedades están devolviéndole su importancia al juego.

En la economía cultural, el juego está adquiriendo la importancia que tenía el trabajo en la economía industrial.

  • La libertad y el juego comparten  un terreno común

En la esfera cultural, a través de la experiencia del puro juego, uno aprende a participar abiertamente con sus semejantes. Nos hacemos verdaderamente humanos al disfrutar unos con otros. Nunca somos totalmente libres hasta que no somos capaces de participar plenamente en el puro juego.

Decía Jean Paul Sartre: ”cuando el hombre se conoce como libre y desea usar su libertad… el juego es su actividad…”.

Durante la mayor parte de la edad moderna, hemos asociado la libertad con autonomía y  la autonomía a la capacidad de vender nuestra propia mano de obra en el mercado. Los frutos de este trabajo se consideraban la clave de nuestra  libertad. La verdadera libertad nace de compartir y no de poseer. Uno no puede ser verdaderamente libre si es incapaz de compartir, sentir empatía y aceptar a los otros.

Cuando la gente se compromete en organizaciones fraternales, civiles, eclesiásticas, artísticas, deportivas o medioambientales, se implica en un juego sumamente maduro. Sus intercambios sociales crean islas de confianza social, así como abundante capital social.

Para garantizar el acceso a la nueva economía de red mundial es necesario garantizar también el acceso a diversas culturas locales.

Restaurar el equilibrio ecológico entre cultura y comercio, es uno de los retos centrales de esta próxima era.

Las grandes diferencias instauradas en la actualidad hacen que sólo participe el 20% de dicha posibilidad, quedando excluidas las grandes mayorías populares.

A la luz de estos hechos, la principal cuestión es: no sólo reflexionar sobre quién tiene o no acceso, sino, más bien, preguntarnos en qué mundos vale la pena implicarse, a qué tipos de experiencias vale la pena acceder…

De la respuesta a esta pregunta dependerá la naturaleza de la sociedad que construyamos en este nuevo siglo…

Análisis y descripción de los datos  (SDyT – INDEC)

Distribución de la práctica – no práctica de actividades físicas y deportivas por aglomerados.

Notas

Los datos que se señalan a continuación están referidos para no extender esta publicación, al aglomerado Buenos Aires (comprende ciudad de Buenos Aires y 19 partidos del Conurbano Bonaerense). No obstante ello, quedarán a disposición de quien lo solicite los datos de los otros aglomerados indagados (Córdoba, Rosario y Salta).

Actividades físicas y deportes que practican

Se enumeran a continuación aquellas actividades físicas y/o deportivas que realiza la población de 15 a 19 y de 20 a 24 años. A quienes manifestaron realizar más de una actividad física o deporte, se les preguntó: “¿Cuál es la que considera más importante y nunca dejaría de realizar?”. De la administración de esa pregunta surgen los siguientes resultados para cada contexto:

Los varones de 15 a 19 años realizan prioritariamente  fútbol en un 43,8% y  educación física en un 23,3%, mientras que en la franja de 20 a 24 años sólo el fútbol aparece como relevante con un porcentaje de práctica del 45,4%. El resto de las opciones se presentan con menor índice de preferencia.

En las mujeres de 15 a 19 años, la educación física escolar (37,6%) mantiene su hegemonía por encima de las demás opciones. Su importancia como actividad física y deportiva, desciende a medida que avanzamos en los niveles de ingreso familiares.

Gran Buenos Aires. Práctica de Educación física escolar por niveles de ingreso

La gimnasia comienza a adquirir relevancia (6,6%), con valores más elevados y preponderantes en la franja siguiente (12,2%). Las demás opciones aparecen con bajos niveles estadísticos.

Razones de práctica

En los varones los porcentajes “por gusto” (50,6% y 71,3% respectivamente) se presentan como los más importantes. Si sumamos los registrados “por recreación” (12,0% Y 13,9%), obtendremos como resultante que los varones participan activamente  “por placer” en las actividades físicas y deportivas. En las mujeres en cambio, el motivo principal es “por obligación”, quedando las razones vinculadas al placer en segundo lugar, con porcentajes muy inferiores a los observados en el sexo masculino con 31,9% en 15 a 19 años  y  en aumento (49,9% en la franja siguiente).

La razón “por obligación”, tiene un mayor peso en las mujeres. En ambos sexos, los valores más elevados en la etapa juvenil, se dan en las edades de escolarización (15 a 19 años) tendiendo a minimizarse en edades posteriores.

Es importante destacar cómo las razones relacionadas a la salud y a la estética  comienzan a adquirir relevancia en las mujeres de 20 a 24 años. Asimismo, el motivo “para competir”, aunque es más notorio en los varones, no alcanza un alto grado de significación estadística.

La ausencia del “habito” es absoluta en varones y casi total en mujeres.

Razones de no práctica

En los varones de 15 a 19 años aparecen como razones principales de no práctica “la falta de voluntad” y “la falta de interés” y  siguen razones parejas de “falta de tiempo” y “falta de dinero”.

Creemos que estas opciones marcan un conjunto de factores que están operando desde la realidad objetiva, que podría incluir cuestiones como problemas económicos, de ocupación del tiempo con obligaciones que presionan a los varones de esa edad en los sectores populares.

Este mismo conjunto de factores actúa sobre las mujeres de esa edad en idéntico contexto, pero lo interesante en la comparación con el varón es la aparición de la categoría “no le gusta”, que ellos no invocan y las razones de embarazo que confirman  que la mujer de esa edad en niveles sociales de recursos escasos tiene una problemática más compleja y con más compromiso de sus tiempos y de su cuerpo.

No se mencionan razones de “falta de instalaciones” o “problemas de distancia”, como importantes barreras que impidan la práctica.

Espacios de práctica

En la franja etaria de 15 a 19 años en ambos sexos, el lugar predominante de práctica, sigue siendo la escuela. En las mujeres es el lugar de práctica prioritario y en los varones aparecen el club y el espacio público con fuerte relevancia.

En las edades de 20 a 24 años, el espacio público es utilizado por varones y mujeres en forma preferencial sobre los demás lugares de práctica. El club, es más utilizado por los varones y el gimnasio por las mujeres.

El hogar se observa como un espacio secundario, especialmente en los varones donde no alcanza significación estadística.

Frecuencia semanal de práctica deportiva

En ambos sexos, en la edad de 15 a 19 años, la frecuencia mayor es la correspondiente a dos veces semanales. En cambio en la franja siguiente, los varones presentan una mayor frecuencia en una vez y las mujeres en dos veces por semana.

En esta edad, tres veces y más de tres veces, que estarían indicando un ejercicio del hábito por la actividad física o deportiva, se encuentran más acentuadas en el sexo femenino (36,5%).

A modo de reflexión…

Describiremos a continuación los principales comportamientos registrados en la población joven del aglomerado Buenos Aires.

Durante la etapa juvenil, los niveles de práctica son sustancialmente mayores en los varones que en las mujeres, preferentemente en la franja etaria de 15 a 19 años.

En las edades de 20 a 24 años, desaparece la fuerte presencia que tiene la Educación Física escolar en la etapa precedente, provocando una caída en los porcentajes de práctica que alcanza, en algunos casos, a más del 50%.

En el campo de las actividades físicas y/o deportivas, este factor junto a otros analizados, determinan una mayor exclusión a medida que avanza la edad, siendo el sexo femenino el más afectado.

El fútbol es en el sexo masculino el deporte más practicado. Ninguna de las otras opciones presenta valores comparables con los altos índices de preferencia, registrados por nuestro deporte nacional. En el sexo femenino, los mayores porcentajes de práctica se obtienen a través de la Educación Física escolar en las edades de 15 a 19 años y luego con la gimnasia (no en su versión deportiva, sino como actividad física) en la franja etaria siguiente. Ninguna otra actividad o deporte adquieren esos niveles de relevancia.

En los varones la razón principal de práctica deportiva es el gusto.  Esta razón va creciendo en las edades siguientes. Si agregamos las relacionadas a la recreación, obtenemos que los motivos vinculados al placer muestran en el sexo masculino, una importante y prioritaria presencia. Sin embargo, es importante destacar que en la etapa escolar, se observan datos que vinculan a los varones con prácticas realizadas “por  obligación”. Aunque sus porcentajes son relativamente menores a los hallados en el sexo femenino, son claros indicadores de la problemática que presenta la participación de los jóvenes en la Educación Física programática. La ratificación de esta situación, es la pronunciada caída que se produce a partir de los 20 años, denunciando la ausencia de hábitos en todos los aglomerados y categorías indagadas. Se hace necesario entonces, la revisión integral de dicha disciplina para obtener resultados superadores que liguen a los niños/as y jóvenes a la práctica de la actividad física y el deporte  en forma sustentable, como un hábito saludable para toda la vida.

En las mujeres, prima con mucha fuerza la obligación en las edades menores y, paulatinamente va aumentando el gusto que queda configurado como principal razón entre los 20 y 24 años.

Durante la juventud, las razones de salud y estética, se observan en el sexo femenino, adquiriendo relevancia principalmente en la etapa de 20 a 24 años.

Los otros motivos registran porcentajes menos importantes. Aquéllos relacionados a la intención de competir aunque son más pronunciados en los varones no se presentan como relevantes. Asimismo, los escasos valores en la categoría por hábito y su declinante tendencia, nos demuestran una vez más, que la etapa escolar no ha logrado el impacto suficiente para integrar a las personas a las prácticas sistemáticas que permitan cuidar su salud y mejorar la calidad de vida.

Dentro de las razones que promueven la “No Práctica”, la falta de tiempo y dinero son las más destacadas. Con diversos matices, esta situación afecta tanto a varones como a mujeres. Aunque en menor grado, motivos como la falta de interés, escasa voluntad, falta de gusto y problemas de salud, se suman a los anteriores creando barreras inhibitorias y favoreciendo la deserción a las prácticas. La distancia y falta de instalaciones, curiosamente no se presentan como barreras que impidan el acceso a las prácticas.

Los espacios de la escuela pública y privada son los lugares de práctica de mayor uso en las edades de 15 a 19 años en ambos sexos. En los varones el espacio público y luego el club le siguen en orden de importancia, consolidándose en las edades siguientes, como los lugares de práctica más destacados. En el sexo femenino, el espacio público, el gimnasio y el club comienzan a aparecer en la franja de 15 a 19 años, con diferentes matices según el contexto de pertenencia. En los 20 a 24 años, la mujer consolida el espacio público y en segundo lugar el gimnasio como lugares de preferencia. El hogar y otros, aparecen con menor significación.

En las edades de 15 a 19 años, encontramos los mayores índices de práctica en la frecuencia de dos veces por semana, tanto en varones como en mujeres. Seguramente, los estímulos semanales recibidos en el sistema escolar, permiten sostener dichos niveles. 

En la franja siguiente (de 20 a 24 años), la mujer refleja un mayor compromiso con la actividad, ya que se registran como prioritarias las prácticas desarrolladas dos veces a la semana, contra una vez que presentan los varones. Creemos que la inclinación que demuestran las mujeres por el uso del gimnasio y los varones por el tradicional encuentro “futbolero” semanal con sus amigos determinan comportamientos que condicionan la frecuencia obtenida. Asimismo, debemos destacar que en el sexo femenino se advierte también una mayor frecuencia que el varón de esas edades en tres y más veces por semana.

Los datos obtenidos determinan que existe una clara evidencia del relativo impacto que producen las prácticas físicas y/o deportivas realizadas en la etapa de escolarización. El paulatino descenso en los porcentajes de práctica desde la adolescencia y la primer etapa juvenil y la fuerte caída que se produce a partir de los 20 años hacia el sedentarismo, así lo demuestran.

La escuela, por sus características especiales, es el ámbito más propicio para fomentar y promover el aprendizaje de los hábitos en las actividades físicas y deportivas. Su carácter obligatorio, extenso en el tiempo, continuo, sistemático, democrático, participativo y pedagógico, se convierten en  elementos facilitadores para la promoción de dichas prácticas. 

Debemos rever entonces la estructura y los componentes de la Educación Física como materia curricular en el sistema educativo argentino y propender a introducir los cambios necesarios que apunten a revertir esta crítica situación.Asimismo, se hace necesario fortalecer las políticas de apoyo a los clubes y organizaciones deportivas barriales que en forma articulada con la comunidad, el sector privado, los organismos oficiales, los sistemas de salud y la escuela favorezcan la inclusión de los niños/as y jóvenes a las prácticas activas y sustentables.


[1] SIEMPRO: Encuesta de Desarrollo Social EDS 1997.

[2] OMS: ¿Qué ocurre con los muchachos? Una revisión bibliográfica sobre la salud y el desarrollo de los muchachos adolescentes. Ginebra 2000.

[3] SIEMPRO: Biblioteca de Información Social Interactiva. INDEC EPH Octubre 2000.

[4] SIEMPRO: Encuesta de Desarrollo Social (EDS) 1997


Luis Erdociaín: Licenciado Ed. Física.// Mag. Alto Rendimiento Deportivo //Ex Director Nacional Desarrollo Deportivo, Docente U.N.L.Z. y U.N.L.A.

Diana Solís: Licenciada en Sociología. Docente y Jefa Dpto. Investigación ISEF Nº 1 “Enrique Romero Brest”.

Rubén Isa: Licenciado Ed. Física. Docente en IEF de Bella Vista, Jefe Dpto. Ed. Física y Deporte,  A.C.I. Cristóforo Colombo.

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