¿Qué distingue a un buen entrenador más allá del conocimiento técnico? Este artículo analiza los rasgos de personalidad que favorecen un liderazgo efectivo, la conducción de grupos y el desarrollo de deportistas. Una reflexión sobre las habilidades humanas, pedagógicas y psicológicas que sustentan el rol del entrenador moderno.
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Para Martín, “la personalidad del entrenador presupone un determinado grado de independencia, conciencia de sí mismo, capacidad de automotivación, capacidad creativa, voluntad de mantenerse activo, y una actitud de diálogo con el entorno social”.
“Un individuo es una personalidad cuando aparece ante su entorno social comportándose de forma creadora y activa.”
Atributos de un entrenador con personalidad
- Un alto perfil de motivación y convencimiento que es capaz de trasmitir a sus pupilos.
- Un buen conocimiento de sí mismo que le permite actuar siempre con seguridad aun en situaciones muy diferentes.
- Posee y demuestra aplomo frente al grupo.
- Tiene habilidades sociales que le permiten interactuar en los conflictos que se susciten en el grupo y comprender a sus integrantes.
- Capacidad metodológica para plantear el aprendizaje, prever los defectos que aparecerán en el mismo y aplicar las correcciones necesarias.
- Capacidad de análisis para interpretar críticamente los rendimientos y resultados en el entrenamiento y la competencia y poder utilizar la información obtenida para corregir y modificar el proceso de entrenamiento.
- Capacidad de observación y penetración psicológica para captar las particularidades individuales de los deportistas y así poder interpretar cabalmente sus necesidades y colaborar con ellos.
- Amplitud de criterio para transferir responsabilidad a los deportistas para que ellos puedan realizar tareas autónomamente.
- Flexibilidad para adaptarse rápidamente a situaciones de cambio e improvisar soluciones.
- Creatividad para hallar constantemente nuevas propuestas de ejercicios que respondan a los objetivos de los programas de enseñanza basados en la experiencia y conocimiento de la técnica y el hombre.
- Perseverancia para realizar y hacer realizar tareas que pueden ser desagradables, teniendo en cuenta el objetivo final que se persigue.
- Facilidad de relacionarse con el jugador y de establecer una relación de respeto y cariño fundada más en la amistad que en el autoritarismo.
- Inspirar confianza en el deportista.
- Capacidad profesional, dedicación y organización.
- Responsabilidad en las tareas que desempeña y rectitud para soportar el peso de los errores cometidos ejerciendo la autocrítica y cambiando los planes si fuera necesario.
- Tolerancia, como corresponde a quien ama y respeta la juventud y conoce todos los problemas por los cuales ellos pueden pasar.
- Estabilidad emocional en todo tipo de situaciones.
- Capacidad para inspirar confianza y tranquilidad a los jóvenes.
- Autoconfianza y aplomo en las decisiones, fortalece la posición del entrenador ante los jugadores.
- Aptitud para transmitir las indicaciones. formuladas con claridad y sin agresividad.
- Persuasión para que sus ideas sean aceptadas con confianza.
Por otra parte los entrenadores con personalidad generalmente poseen una fuerte estructura motivacional que se caracteriza por:
- Motivos deportivos. Después de lograr altos rendimientos deportivos y finalizar la vida como activo, el entrenador siente la necesidad de transferir a jóvenes deportistas sus conocimientos y experiencias.
- Motivos pedagógicos. Los intereses pedagógicos primarios se combinan muchas veces con las experiencias personales obtenidas en la práctica del deporte.
- Motivos sociales. Existe una marcada tendencia a establecer contactos con los jóvenes y a trasmitir conocimientos y experiencias.
- Motivos de rendimiento. La profesión de entrenador se ve como una posibilidad de realización de ideas propias, de reconocimiento público, así como un camino para continuar la competencia deportiva desde la dirección.
- Motivos de prestigio. El lograr una imagen de éxito en la sociedad puede constituir una fuerte motivación en el desarrollo profesional de muchos entrenadores.
- Tendencia compensatoria. Muchos entrenadores que no llegaron a ser grandes deportistas logran, a través de sus adeptos, compensar la frustración que ellos vivieron como deportistas.
- Autoafirmación. La necesidad de reconocimiento y prestigio, y de demostrar superioridad, encuentra un campo ilimitado en la confrontación deportiva y en el entrenamiento de deportistas.
- Mejoramiento económico. La creencia de que en la profesión de entrenador se puede adquirir rápidamente un estatus económico superior, juega también un rol importante. Como es lógico, este amplio repertorio motivacional aparece cruzado y muchas veces escondido dentro de las expectativas profesionales de un entrenador.
- Posición social del entrenador. El entrenador de alto rendimiento es motivo de una especial consideración en la mayoría de los sistemas sociales. Algunos de ellos son elevados a la categoría de héroes nacionales y respetados y queridos como tales. Sin embargo, el entrenador vive la absoluta dependencia de los éxitos. El público y los medios deciden a menudo sobre la permanencia de un entrenador en un equipo. Su presencia cotidiana en los medios demanda de él una cierta habilidad para la comunicación, ya que casi diariamente será interrogado sobre temas que van desde el entrenamiento y los resultados de su equipo hasta decisiones políticas de los organismos rectores del deporte o temas que atañen al orden político, social o cultural del país.
Fuente original: Revista Digital Mexicana “Fútbol-pf”, Año 2, Nro. 8